Era cuestión de tiempo el haberte encontrado

“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Las personas que no son capaces de hacerlo, te dirán que tú tampoco puedes”.

Will Smith – En Busca de la Felicidad

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Maratón BTT Valverde del Camino

No siempre tenemos la tranquilidad para hacer lo que más nos gusta. A veces en la vida corremos sin saber hacia dónde y apartamos por un momento de nosotros señas de identidad que nos identifican desde pequeños. Escribir es algo que siempre me ha apasionado. Sólo la gente que me conoce bien sabe cuánto disfruto cuando lo hago, y que hace años publiqué un libro de poesía y que uno de mis blogs deportivos tuvo un banner en el Diario Sport. Cuando escribo, hago realidad lo que pienso y siento, lo mismo que pasa por mi mente cada vez que compito contra mí mismo.

La verdad es que siempre he hecho discurrir mis letras desde la libertad de mi pensamiento. Por eso mismo vuelvo ahora a concatenar palabras que quieren significar lo que siempre llevo conmigo en mis adentros. No debemos perder las buenas costumbres. Aquellas que nos hacen mejores personas y nos acercan las mejores sensaciones. Hay muchas cosas que la prosa quiere significar. Y si bien no es fácil expresar con palabras lo que nuestros ojos esconden, las letras son el arma más poderosa que podemos usar para decirle al mundo que nos da igual lo que piense de nosotros. Porque lo realmente importante es saber tener cerca a las personas que de verdad merecen la pena.

Y eso fue lo primero que pensé cuando me monté en una bicicleta de montaña para hacer algo que era nuevo para mí. No es fácil para mí decir esto, pero no resulta sencillo aterrizar con 30 años en un deporte nuevo donde el postureo es similar al del triatlón, y el nivel también ciertamente alto. La verdad es que encontré muchas puertas cerradas, y a veces sentí miedo. El mismo que sentí cuando crucé la meta de mi último maratón hace dos años. Cuando pensé que nunca me recuperaría de la lesión, y que nunca cambiaría mi técnica de correr. Pensé muchas cosas negativas que no eran verdad. A lo mejor porque muchas veces me rodeé o conocí a personas que alentaban negatividad y discurrían por cada momento con un “que viene el lobo”.

Pero sucede que en un momento dado piensas que la mejor manera de hacer una bajada peligrosa sin bajarte de la bicicleta, o de hacer subidas que la mayoría de ciclistas hace con la bicicleta a cuestas, es apuntarte a todas las carreras. Y lo más importante de todo es saber desoír todos los consejos negativos de aquellos que te meten miedo sobre la dureza extrema de cada prueba una y otra vez, como si le estuvieran hablando a un tipo que viene de jugar al ajedrez.

Yo ya venía pensando que este nuevo deporte cumplía una serie de premisas muy adecuadas a mis retos personales de bajar de tres horas en maratón y completar mi primer triatlón distancia Ironman. Sin embargo, la gente muchas veces espera que corras al mismo nivel que tienes en una media maratón de Running y te genera unas expectativas que no son fáciles de cumplir. Más, si te recuerda una y otra vez que este es otro deporte diferente. Pero en realidad, cuando eres un deportista de resistencia, significa no que eres un fuera de serie haciendo pruebas de larga distancia, pero sí que tienes un don llamado voluntad y ganas de llevarle la contraria a todo lo que se te pone por delante. Y unas cuantas dosis de eso es lo que me ayudaría a mí en un deporte como este, donde las barreras de entrada eran realmente altas, y donde como en todos los deportes, los deportistas de más alto nivel eran al fin y al cabo los más llanos y humildes.

Mi aterrizaje no fue sencillo, y pasé realmente meses duros en los que tuve que reciclarme como deportista, en los que me adelantaron una y otra vez mientras mantenía la cabeza lo más alta posible. Fue muy duro todo lo relacionado con mi debut, desde comprarme una bicicleta, buscar un equipo, apuntarme a una carrera o simplemente hacer una bajada sin tener que lanzar la bicicleta al maldito diablo. Acudí a muchos sitios en los que simplemente no esperaba el mejor recibimiento y no entendía por qué. En ese momento extrañaba a mi equipo de triatlón de Barcelona, donde todos podíamos aprender y participar, y donde compartí grandes experiencias con grandes deportistas.

Pero lo mejor de todo, además del aprendizaje que conlleva este tipo de situaciones, es que siempre hay una persona a nuestro lado que se preocupa porque las cosas salgan adelante. Y en mi caso esa persona es mi Laura Jordán, ya que sin ella no hubiera sido posible la confianza y la energía con la que he encauzado las miras, los retos y las ganas de batirme una y otra vez contra mis propias expectativas. Con ella he descubierto muchas cosas dentro de mí que desconocía, he aprendido en silencio compartiendo con ella sus sueños e ilusiones. Y puedo decir a día de hoy, que me fascina despertarme a su lado sabiendo que de principio a fin, saldremos y llegaremos juntos en una gran cantidad de pruebas que nos esperan. Es cuestión de tiempo mejorar, y alcanzar a personas que te tiendan su mano cuando más lo necesites. Era cuestión de tiempo el haberte encontrado amor, y ya estás aquí, para caminar conmigo, y yo contigo hacia el maravilloso mundo de los deportes de resistencia.

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Foto de @SomostuFoto

Francis Campos Jareño

Brenes 14 de abril de 2017

 

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2016 Remember

“Nada puede resistirse a la voluntad humana capaz de poner en juego la propia existencia con tal de perseguir su propósito…”

Benjamín Disraelí

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Milla Velá de Triana, 2016

No fue el mejor comienzo. Ni siquiera la luz del día consiguió darme alas, ni las alas consiguieron levantarme cuando quise alzar el vuelo. Pero caminé. Caminé hacia delante con aquel comentario en mi cabeza de que aquel sería mi año, el año en el que batiría todas mis marcas deportivas y personales. Me atraparon las frases de mi tío Juan Antonio, los consejos de mi padre y de mi madre, y las largas conversaciones en la distancia con mi hermano y mi cuñada.

Salí a entrenar muchas veces sin ganas, con la sonrisa fuera y las lágrimas de rabia contenida por dentro. Con sueño por llevar meses sin dormir. Con estrés por esa angustia que me estaba matando. La batalla de aquel tiempo me abducía, pero también me enseñaba a seguir siendo yo. El simple yo humilde y contenido. Volví a por mis retos y pasiones, y caí una y otra vez tras ilusionarme con la vida y con el mundo. El yo de uno mismo contra todos ellos y mis miedos, y el recuerdo de por qué estaba allí todavía, y a pesar de todo.

Entonces recordé la imagen de aquel corredor que quedó antepenúltimo en el campeonato de Andalucía Universitario de Campo a Través en el año 2006, y la imagen de aquel otro que bailaba  una y otra vez contra el último puesto corriendo el milqui a tres minutos por kilómetro. Esa era mi verdadera seña de identidad, mi historia y el porqué de todo. La razón de por qué diez años después aún estaba allí, con mis valores y principios por encima de todo. Y de todos.

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Campeonato de Andalucía Universitario 2007, Málaga   ( 1.500 ml  –  4’37”)

Hoy puedo decir que creo enormemente en el poder de la mente, y aunque soy consciente de mis limitaciones, nunca he consentido que nadie me diga lo que puedo o no puedo hacer. Yo creo en el individuo, y creo en los equipos. Creo en la amistad, en la amistad que cabe en la palma de una mano. En la individualidad de haber tenido entrenadores punteros y haber aprendido de todos ellos. En la de ser entrenador nacional y estudioso para poder ayudar a los demás. Creo en ser uno mismo por encima de cualquier circunstancia o condicionante, en la independencia de decidir lo que quiero o no quiero hacer. Y amar el deporte desde pequeño puede hacerte un lobo solitario que se mueve con el único interés de alcanzar la máxima libertad que existe. La libertad de elegir. Y la libertad de sonreír.

En esas comencé a caminar junto al deporte de resistencia, el que tanto me apasiona y tanto sufrimiento me provoca al mismo tiempo. Acaricié esa enorme sensación de querer más y más. Ese sentimiento increíble de alcanzar ese bienestar tan grande que sólo se consigue al llegar exhausto a la meta después de haberte vaciado por completo. A lo mejor no sé qué es lo más duro del deporte, pero sí sé lo que es entrenar duro después de hacer medias de más de 50 horas de trabajo a la semana, volar más de 60 veces cada año, conducir más de 60.000 km, estudiar una carrera y afrontar diversos proyectos que se han acabado convirtiendo en sueños cumplidos.

Nunca me he considerado un gran deportista, pero sí una persona incansable con todo lo que hace en la vida. Comprometido y constante. Un principiante que alguna vez ha dado algo de guerra, pero que siempre ha mantenido su sitio como deportista amateur. Me ha dado tiempo a vivir grandes experiencias deportivas junto a gente maravillosa con un nivel deportivo increíble. Personas con un palmarés tan grande como su prudencia y sencillez, valores inexistentes en otros grandiosos mequetrefes que también he llegado a conocer a lo largo de mi periplo deportivo.

Mi gran reto en 2016 consistió en crear junto a mi amigo Jesús Gómez Herrera el equipo de atletismo adaptado Mínima Dream. El proyecto comenzó con el sueño de Jesús por conseguir la marca mínima para el Campeonato de España de Atletismo Adaptado, un objetivo que llevaba en su mente ocho años y que finalmente se consiguió en la concentración nacional de la Once en Segovia en el mes de mayo. El broche de oro de la temporada fue ocupar la segunda posición en dicho Campetonato de España celebrado en Alcorcón en las pruebas de 400 y 800 ml. El proyecto fue sonado en los distintos medios de comunicación que nos apoyaron contando nuestra historia (ABC, Diario de Sevilla, Canal Sur, Betis TV, Radio Betis, Historias de Luz…) y actualmente cuenta con un Presupuesto de varios miles de Euros destinado al apoyo del deporte adaptado con patrocinadores como el GRUPO SIFU, ACEITES DEL SUR COOSUR-FUNDACIÓN JUAN RAMÓN GUILLÉN, FUNDACIÓN RANDSTAD y El Club Atletismo San Pablo.

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Minima Dream – Concentración Nacional Once Segovia 2016
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Mínima Dream – Concentración Nacional ONCE Alfaz del Pi, Alicante 2016

El triatlón, mi gran pasión actualmente y el deporte en el que centro todo mi aprendizaje deportivo, me produjo grandes satisfacciones la temporada pasada, con mejores marcas personales en Duatlón Sprint (1h02’54’’), Triatlón Sprint (1h13’27’’), Triatlón Olímpico (2h26’31’’) y Duatlón Olímpico sin drafting (2h25’40’’), ocupando la 8º posición Senior en este último. Y lo más que más me gustó sin duda fue la experiencia vivida a finales de Octubre en el INEF de Madrid, donde pude realizar junto a grandes profesionales de este país el curso pionero de Entrenador Nacional de Triatlón especialista en Larga Distancia.

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Triatlón Olímpico Puerto de Huelva 2016
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Duatlón Olímpico DX2 Itálica 2016
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Triatlón Puerto de Sevilla 2016

En atletismo, el origen de todos los retos que he podido afrontar en deportes de resistencia, y habiendo corrido más de 7.500 km en las últimas temporadas, pude revalidar mis humildes marcas en 10 km (38’46’’), 15 km (59’16’’) y media maratón (1h25’28’’), pero sobre todo me quedo con la medalla de chocolate obtenida en el Trail de Las Arenas de Nueva Umbría (15kms), la marca de las X Milhas do Guadiana (18,2 km) y la mejor carrera que he corrido nunca, la Behobia San Sebastián 2016 (20 km – 1h19’03’’).

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Trail Las Arenas Playas Nueva Umbría 2016
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X Milhas Do Guadiana España – Portugal 2016
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Behobia San Sebastián 2016

Después se cruzó por mi vida un rayo de luz en forma de corazón. Mi campeona Laura Jordán. La persona a la que nunca hubiera esperado apareció de la nada para abrazar mi vida. El motivo de la motivación más hermosa que existe. La compañera del mejor equipo que he formado nunca. Y el deseo que nunca hubiese esperado que llegara a cumplirse llegó para quedarse y lo supe el primer día que hablé con ella. Esa sensación única en la vida, reflejo de los sueños que se fusionan en el único hecho que empieza a acontecer deslumbrando a todo lo demás. Juntos caminamos por nuestros distintos retos, aunando otros nuevos hasta confluir en la nueva senda que estamos conformando. Caminamos de la mano desde entonces y al mirarnos adivinamos que aún tenemos todo por delante para sonreír, atraparnos el uno al otro y alcanzar ese algo increíble que ni siquiera hemos imaginado.

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Mi Campeona Laura Jordán – Maratón BTT Paterna 3ªclasificada Élite tras romper la cadena en la última parte de la prueba

No sé cuál es la manera en la que afronto el futuro, porque una de las cosas más hermosas y a la vez difíciles del deporte es que nunca llegamos a controlar del todo todas las circunstancias que rodean a nuestras posibilidades de entrenar y competir. En este sentido, y muy a mi pesar, he decidido abandonar por motivos personales el reto de correr el que sería mi cuarto Maratón el próximo 19 de febrero en mi ciudad, Sevilla. Ya no sólo por una cuestión de prioridades vitales y de preferencias en la práctica deportiva.

Después de mucho meditar durante dos años y medios, he decidido atajar un pequeño bache que encontré en el camino, y que en todo este tiempo me ha forjado como persona, habiéndome ayudado a que mi identidad esté compuesta por un ser que todo lo que hace en la vida, lo hace con la mano puesta en el corazón. Viene un tiempo distinto, quizás con muchas horas de ausencia y nostalgia, pero así es el deporte de resistencia. Nunca nos regala nada. Lo mejor de todo es que al final siempre soñamos con encontrar la calma después de la tempestad. Con ese sueño empezó el sueño de Mínima Dream, y esa es la principal enseña de todas las veces que firmo con #Ihaveadream. Se trata de encontrar la clave de todo lo que encontraré AL OTRO LADO DE LA META mañana cuando vuelva a despertar de nuevo.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla 1 de febrero de 2017

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Crónica BEHOBIA – SAN SEBASTIÁN 2016

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Francis Campos – 1h19’03” (3’57”/km) / 655 clasificado general /382 Senior / 31.276 inscritos

Cuelgo el teléfono con el pulso acelerado. Respiro con dificultad, con la cara desencajada y el gesto de nerviosismo y estrés de quien ha perdido el control de todo. A tientas camino por la vida, con esa felicidad de las grandes cosas que nos regala el tiempo, que muchas veces se acompaña de situaciones que entristecen la alegría como penumbra que ensombrece a la felicidad. Apago el teléfono y me obligo a desconectar del trabajo. A dejar a un lado esa sensación de agonía de las personas que se creen que son el ejemplo de algo, que al fin y al cabo no es más que decadencia.

Escapo de todo.

Y en esa dificultad asoma el reto de mi vida. El desafío que martillea mi cabeza desde hace años. La bruma repitiendo en mi cabeza el “no puedes conseguirlo” de todas las barreras que encontré mientras luchaba. El recuerdo del “no pretendas cambiar tu técnica de carrera con 30 años”. El límite que te recuerdan las miradas frías que no creen en ti.

Y entonces vuelvo la vista hacia atrás, y recuero las horas de dedicación a pesar de los aviones, los trenes, las reuniones eternas, los jefes, los gritos, el mal ambiente, la venta, la puta venta, las madrugadas sin dormir, la desolación de la vida cuando se iba, las zapatillas de correr en la maleta, el chantaje emocional, el final que resultó ser el mejor comienzo, y la sonrisa a pesar de todo, y de todos.

Y al regresar hoy al horizonte que he alcanzado, me situaba en la línea de salida del cajón que me tocaba, sin nervios, con la mirada perdida en el infinito, en la confianza que se siente cuando la vida te golpea y te has de levantar. Y arranqué el ritmo, sin pulsómetro, ni ritmos, ni relojes caros, ni manguitos, ni gorra, ni zapatillas de 150 euros. Yo y mi mirada, y el simple hecho de estar allí jugándome el prestigio de ser para mí una persona cada día mejor.

Así fue cómo bailé con el cuatro, arrancándole los segundos que me arrebataban las subidas en el exigente recorrido de la Behobia-San Sebastián. Sin tregua peleé por situarme lo mejor posible, por subir apretando los dientes y bajar arañando todos los segundos posibles al crono. Pero nuestro rumbo muchas veces no depende de nosotros y el kilómetro 16 dibujó delante de mis ojos una cuesta que me golpeó con fuerza. Al picar el kilómetro 17 sobre la última cima con mi reloj del Decathlon de 13 euros me vi vencido por aquellos malditos 9 segundos. Estás que recuperas después del mazazo, chaval, pensé.

La vida pocas veces nos regala nada. Y menos en las horas que pasamos solos, en los entrenamientos en solitario sin metas, ni ganas, ni fuerzas. Pocas veces el camino te tiende la mano, ni la gente con esa competición constante de compararse con el mundo, con esa sonrisa pícara de clavar el clavo a los demás, porque les arde el alma de no ser nadie en un mundo en el que siempre hay alguien mucho mejor que tú. Pensaba en todo eso mientras corría con la mirada fija en el Reto.

Y al cruzar la frontera del 18 me sentí invencible sobre el asfalto mojado, sobre el duro camino de amar lo que haces porque sabes que nunca te defraudará. En ese momento supe hacia dónde iba. Lo que me esperaba al cruzar la meta el día en el que el silencio se había apoderado de mi ser. Corrí disfrutando de la cadencia, de las miradas que nos observaban marchar sobre el firme junto al mar, adelantando a la dedicación cuando no encuentra motivos ni razón para avanzar. Hoy lo hice porque confié en mí y en la manera que encontré de luchar por lo que mi corazón me hace sentir.

Lo siento cuatro. Hoy te tocó perder.

Francis Campos

San Sebastián, 13 de noviembre de 2017

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Sentir cuando corro. Y cuando vivo.

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Llueve.

Bailo bajo la lluvia mientras pienso lo maravilloso que puede resultar el mundo visto desde el interior de las personas. Con la mirada perdida en el fondo de la pista de atletismo comienzo el entrenamiento de hoy. Dentro de mí la sensación de querer estar en otra parte, en otro lugar, ese sentimiento imposible que muchas veces no puede ser.

Doy vueltas en el sentido contrario de la pista, al revés que el mundo, como el significado de lo que siento y que siempre transcribo, al revés que todo ese ente superfluo que a veces he encontrado en mi camino. Caliento no para entrar en calor sino para mirar más claro el espectro de la vida, el significado de las cosas, lo que de verdad importa, y al final me siento preparado, preparado para ser yo.

La técnica de carrera es ese efímero punto en el que dominas cada rincón de tu ser, ese abrazo propio que te estremece porque sabes que estás preparado para empezar, para continuar y para finalizar lo que has empezado. Entonces comienza a llover con más fuerza, y aunque el cielo ya hace tiempo que no es azul, puedo continuar mirando al infinito sin expresar nada, viviendo en mis reflejos todo lo que soy capaz de sentir cuando corro, y cuando vivo.

La lluvia no facilita el hecho de desarrollar tu mejor forma de ser, ni como deportista ni como persona. Es ese pequeño lastre con el que lidiamos, ese obstáculo en ocasiones casi insalvable pero que salvamos con la dedicación de quien se esmera en actuar en base a sus creencias, sin cambiar ni un ápice de su ser.

Y entonces el corazón se acelera hasta llegar a ese punto en el que no es que no basten las palabras, sino en el que son necesarias y certeras porque no son sólo adorno sino también esencia. Porque ser cronista no es ser poeta, ni ser como los demás es suficiente cuando ves que todo a tu lado camina a ras del suelo mientras tú quieres volar. Ese es el punto en el que comienza la primera serie, la que resbala y casi te tira, la que te derriba el sentimiento con la primera bofetada que da la bienvenida al resto del entrenamiento.

Suben y bajan las pulsaciones, como las expectativas cuando se nublan y pierden el rumbo, como esa vez en la que anduve perdido sin saber hacia dónde quería llegar. Y entonces deambulo por el entrenamiento sin hablar, sin comentar nada, sin demostrarle a nadie salvo a mí mismo todo aquello por lo que estoy dispuesto a luchar. Así se labran los caminos, en la inmensa soledad que encontramos al amanecer, al cerrar los ojos cuando oscurece, y al caer rendido sobre la pista cuando el esfuerzo acaba contigo y ya no eres capaz de seguir.

Se descontrola el cuerpo y empiezas a tener esa sensación de descontrol en la que ya nada es lo mismo, en la que dejas de aventurar el tiempo venidero, en la que te sueltas de la barandilla y te dejas caer. Se avecina el maratón y las ganas de vivir. Ese modo eterno de ser esa persona que siente mientras desaparece entre la gente que comunica sentimientos comunes.

Jamás me casé con el mundo, ni anduve buscando acomodarme, ni adaptarme, ni ser flexible con las cuestiones del corazón. Sólo supe en este momento abrocharme los cordones y salir al tartán a demostrarme lo que mejor sé hacer, dejarme la piel por lo que siento y creo.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla 27 de octubre de 2016

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MI CAMPEONA

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No la conozco desde hace demasiado tiempo, aunque sí lo suficiente para saber qué es lo que contiene su alma cuando su mirada valiente avanza por entre la vegetación que deja a su paso.

La valentía no es un vocablo cualquiera. Y la suya menos, porque evade siempre la negatividad en favor de la positiva actitud que presenta cuando se sube en la bicicleta, pero también cuando caminamos de la mano y en otros lares de la vida. Y es que ser valiente no es esa verborrea de creerse mejor que nadie. Aunque lo seas, porque ella es muchas veces la mejor,  y para mí lo es, y no tiene esa necesidad que tienen otros de hacer ver al mundo lo grandiosos que son. Ella es grande como nadie, y jamás transmite eso ni con palabras ni con gestos.

Agradece todo como un regalo que se ha de abrazar. Si la vida le sonríe, asiente como quien asume en silencio que el éxito forma parte del juego, más cuando se lucha y a veces es a contracorriente. Si la vida le golpea, se levanta, y si le vuelve a golpear se vuelve a levantar. Y nunca comunica la lágrima que después sonríe y sigue peleando.

Sentimiento es poco al lado de lo que siente. Cuando compite enviste una y otra vez para estar delante, para ver el mundo primero cuando asciende al cielo. Y sonríe y vuelve a sonreír a la cámara, a los aplausos y al espectáculo de verla disfrutar sobre las dos ruedas. La gente se pone en pie a su paso. Transmite esa intensa sensación de belleza que flota con la cálida y eterna marejada de los sueños cuando se hacen realidad. Esa es ella, la que elimina el descenso de la tempestad cuando nos quiere tumbar. Y revive una y otra vez, como quien nunca se rinde, aunque la tiente el pulso de quienes miran de reojo esperando el caos.

Humilde donde las haya, como la luz que ilumina la madrugada cuando nos quiere deslumbrar. La sencilla compostura de la campeona que conquista cada paso con el corazón. Cada segundo el vuelo más alto y sus pensamientos como timón. Sonríe tan preciosa y se inunda el mundo de ilusión. Deslumbra el hallazgo de la condecoración, con el título del ganador que reta a la mejor canción.

Grande. Es grande como el sol cuando anochece y se mide en duelo contra la luna para decir adiós. Es grande como el amanecer que se esmera con dedicación. Grande como la vida cuando arrasa todo a su paso con ambición. Alegre como el mar cuando la tempestad lo empuja con furor. Y alegre es su mirada cuando me mira porque me quiere como la quiero yo.

Francis Campos Jareño
Para mi gran campeona, Laura Jordán
Kyoto, Japón. 12 de octubre de 2016

ESTO ES SÓLO EL COMIENZO DE ALGO MARAVILLOSO

Francis Campos y Jesús Gómez Herrera - Control Federativo Pista de la Cartuja
Francis Campos y Jesús Gómez Herrera – Control Federativo Pista de la Cartuja

Es una de las personas más singulares y valiosas que conozco. Él está leyendo ahora estas líneas y seguramente su sonrisa está tornando a brillar. Como en esos días donde la ilusión llenó nuestras vidas de magia cuando el mundo se derrumbaba delante nuestra.

Hace ahora casi un año que nuestras vidas se cruzaron como parte de estas bonitas casualidades en la que el destino te depara experiencias maravillosas. Y sin esperarlo, lo que fue comenzar a correr juntos acabó convirtiéndose en un modo de vida. Un camino en el que correr era un punto más de todas las cosas que llegamos a vivir juntos.

Se caía el mundo y lo levantamos con el abrazo de dos personas que luchan en silencio. Él es más que un amigo, como un hermano. Es mi confidente, la persona que a uno y mil kilómetros conoce cada recodo de mi corazón. Gracias a él he aprendido a valorar la consecución de metas que no imaginábamos. Pero sobre todo el éxito que supone avanzar a escondidas mientras el mundo se convierte en un chat de experiencias superficiales.

Nuestras palabras las grabamos a fuego en nuestras almas. Siempre está al otro lado. Pase lo que pase, aunque descienda mi mirada en lares desconocidos que nadie entiende, él apacigua la furia de mi ser cuando se tambalea. Se merece todo y más, por eso le tiendo esta mano con la que abrazo su corazón infinito. Ahí estaré como estuviste tú gratuitamente cuando más te necesité. Cuando mis piernas se bloquearon por el desaliento del fracaso vital. Cuando me valió su ejemplo como persona que lucha incansablemente contra el mundo. Tranquilo, hermano, esto es sólo el comienzo de algo maravilloso.

Desde que corro con él, el deporte es nuestro reto y no sólo el mío. Mis marcas adolecen de importancia porque ya no las necesito. Ya no quiero más aplausos que verlo sonreír cuando consigue derribar cada una de las barreras que encuentra a su paso. Su éxito es el mío y viceversa. Y la dura tarea de navegar al compás de llevar la contraria a todos la emprenderemos juntos. Como aquel día en que todo empezó porque yo había tocado fondo. Como esos días en que acudes a mí y caminamos sin volver la vista atrás.

Hemos vuelto, y ya no hay marcha atrás. Este año mejor por el trabajo de la anterior temporada, por los entrenos de verano cuando el sol nos abrasaba y por los días en que el sol fue la única luz que nos alumbró.

Mi amigo, mi confidente, mi compañero. Levanta el alma porque nos espera el cielo. La mejor manera de planear mientras alzamos el vuelo. Es hora de olvidar los anhelos. Miremos hacia delante y brillemos como el fuego.

Francis Campos Jareño
13 de octubre de 2016

No podemos ser buenos en todo

Francia Campos - Triatlon Olímpico Sevilla septiembre 2016
Francia Campos – Triatlon Olímpico Sevilla septiembre 2016

No podemos ser buenos en todo. A veces incluso no podemos ser buenos en nada. No lo digo yo. Lo dice el vocablo bueno en función de con qué lo que compares.

No se trata tanto de la fiebre de competir empujado por el viento del reconocimiento. Lejos quedaron ya los aplausos. Lejos quedaron los recuerdos de cuando al desvanecerse todo fui capaz de comprender quién estaba y quien no estaba ya en mi vida.

Quizás todo esto no es más que una lucha personal en solitario. Por eso muchas veces no opino. Y callo. Guardo el silencio que me inspira el hecho de haber sufrido tanto derrotas como victorias. Y el hecho de que siga aquí es porque las primeras fueron bastantes más que las segundas.

Pero esos eran otros tiempos. Quizás lo que permanece, la esencia, es lo que perdura con los años. Ese punto alcanzado en el que ya no tienes que demostrar nada. Ese ni siquiera tener que dar las gracias porque has fletado un avión hacia el infinito en el que no viaja nadie más que tú como deportista. A eso me refiero con los likes y las sonrisas que mañana cuando sea un tipo tal vez distinto ya no existan. A estas alturas de la vida sé lo que se espera de mi. La respuesta es: exactamente lo que yo decida.

Y es que la vida no me ha enseñado más que a nadie. Pero sí lo justo para tomar mis propias decisiones y seguir mis propios consejos. Para ello, he pasado largas horas conmigo mismo en los últimos años y nada de esto es pura casualidad.

Lo pienso cuando salgo a entrenar. Cuando planeo un reto. No se trata de ser bueno. Ni se trata de ser el mejor porque en realidad nadie es bueno ni el mejor. La vida no se parametriza de ese modo, porque la verdad absoluta es un hecho que ni existe, y aun existiendo debería nacer siempre de nosotros mismos.

Por eso, la lente con la que miramos no ha de ser nunca ajena, sino la propia luz de nuestra mirada cuando mira hacia delante. Eso es realmente lo único a lo que nos debemos y lo que debiera darnos la felicidad plena. Mañana cuando termine todo sólo estaremos nosotros. Mañana cuando no tengamos nada y las circunstancias puedan ser difíciles veremos desplomarse todo a nuestro alrededor. Ese día llegaremos a la conclusión de que uno mismo es el mejor punto de partida y el mejor encuentro con la felicidad eterna. La propia expectativa es la que cuenta, la de cerrar los ojos y luchar por los sueños, la de abandonar la superflua mirada que sólo te abraza durante el éxito.

La soledad es solitaria pero fiel. Y el éxito es una de las cosas más efímeras que conozco. Y dentro de esa poca constante vivencia personal encontraremos mentes que cabalguen a nuestro lado durante la victoria. Las mismas mentes que al frenar nuestro paso desertarán. Las mismas que ayer al despertar ya no estaban. Las mismas que me han traído hasta aquí. Hasta este punto en el que me basta cruzar la línea de meta para deberme a mí mismo justamente la humilde manera que tenemos de soñar los eternos corredores de fondo. Los que somos capaces de amar en cualquier circunstancia, más o menos favorable. Los que nunca desertamos ni exigimos nada salvo la sonrisa. Los que demostramos avanzando y con el paso de los años abrazamos con más fuerza. Confiamos en nosotros y en lo que amamos. Me alegro de haber cruzado esta meta. La soledad del corredor de fondo no es un sentimiento común ni accesible a cualquiera. Volveré a pensarlo cuando me calce las zapatillas a miles de kilómetros para volver a este punto de inicio. No podemos ser buenos en todo. Pero podemos sonreír cada vez que lo intentamos en silencio.

Francis Campos Jareño

8 octubre – Brenes, Sevilla

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Blog orientado en la motivación para lograr un estilo de vida activo que nos haga mejores que ayer; además de aportar entrenamientos a seguir y recomendaciones y experiencias personales.

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Mi Gran Sueño - BMW Frankfurt Marathon 2013

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