Crónica BEHOBIA – SAN SEBASTIÁN 2016

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Francis Campos – 1h19’03” (3’57”/km) / 655 clasificado general /382 Senior / 31.276 inscritos

Cuelgo el teléfono con el pulso acelerado. Respiro con dificultad, con la cara desencajada y el gesto de nerviosismo y estrés de quien ha perdido el control de todo. A tientas camino por la vida, con esa felicidad de las grandes cosas que nos regala el tiempo, que muchas veces se acompaña de situaciones que entristecen la alegría como penumbra que ensombrece a la felicidad. Apago el teléfono y me obligo a desconectar del trabajo. A dejar a un lado esa sensación de agonía de las personas que se creen que son el ejemplo de algo, que al fin y al cabo no es más que decadencia.

Escapo de todo.

Y en esa dificultad asoma el reto de mi vida. El desafío que martillea mi cabeza desde hace años. La bruma repitiendo en mi cabeza el “no puedes conseguirlo” de todas las barreras que encontré mientras luchaba. El recuerdo del “no pretendas cambiar tu técnica de carrera con 30 años”. El límite que te recuerdan las miradas frías que no creen en ti.

Y entonces vuelvo la vista hacia atrás, y recuero las horas de dedicación a pesar de los aviones, los trenes, las reuniones eternas, los jefes, los gritos, el mal ambiente, la venta, la puta venta, las madrugadas sin dormir, la desolación de la vida cuando se iba, las zapatillas de correr en la maleta, el chantaje emocional, el final que resultó ser el mejor comienzo, y la sonrisa a pesar de todo, y de todos.

Y al regresar hoy al horizonte que he alcanzado, me situaba en la línea de salida del cajón que me tocaba, sin nervios, con la mirada perdida en el infinito, en la confianza que se siente cuando la vida te golpea y te has de levantar. Y arranqué el ritmo, sin pulsómetro, ni ritmos, ni relojes caros, ni manguitos, ni gorra, ni zapatillas de 150 euros. Yo y mi mirada, y el simple hecho de estar allí jugándome el prestigio de ser para mí una persona cada día mejor.

Así fue cómo bailé con el cuatro, arrancándole los segundos que me arrebataban las subidas en el exigente recorrido de la Behobia-San Sebastián. Sin tregua peleé por situarme lo mejor posible, por subir apretando los dientes y bajar arañando todos los segundos posibles al crono. Pero nuestro rumbo muchas veces no depende de nosotros y el kilómetro 16 dibujó delante de mis ojos una cuesta que me golpeó con fuerza. Al picar el kilómetro 17 sobre la última cima con mi reloj del Decathlon de 13 euros me vi vencido por aquellos malditos 9 segundos. Estás que recuperas después del mazazo, chaval, pensé.

La vida pocas veces nos regala nada. Y menos en las horas que pasamos solos, en los entrenamientos en solitario sin metas, ni ganas, ni fuerzas. Pocas veces el camino te tiende la mano, ni la gente con esa competición constante de compararse con el mundo, con esa sonrisa pícara de clavar el clavo a los demás, porque les arde el alma de no ser nadie en un mundo en el que siempre hay alguien mucho mejor que tú. Pensaba en todo eso mientras corría con la mirada fija en el Reto.

Y al cruzar la frontera del 18 me sentí invencible sobre el asfalto mojado, sobre el duro camino de amar lo que haces porque sabes que nunca te defraudará. En ese momento supe hacia dónde iba. Lo que me esperaba al cruzar la meta el día en el que el silencio se había apoderado de mi ser. Corrí disfrutando de la cadencia, de las miradas que nos observaban marchar sobre el firme junto al mar, adelantando a la dedicación cuando no encuentra motivos ni razón para avanzar. Hoy lo hice porque confié en mí y en la manera que encontré de luchar por lo que mi corazón me hace sentir.

Lo siento cuatro. Hoy te tocó perder.

Francis Campos

San Sebastián, 13 de noviembre de 2017

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Sentir cuando corro. Y cuando vivo.

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Llueve.

Bailo bajo la lluvia mientras pienso lo maravilloso que puede resultar el mundo visto desde el interior de las personas. Con la mirada perdida en el fondo de la pista de atletismo comienzo el entrenamiento de hoy. Dentro de mí la sensación de querer estar en otra parte, en otro lugar, ese sentimiento imposible que muchas veces no puede ser.

Doy vueltas en el sentido contrario de la pista, al revés que el mundo, como el significado de lo que siento y que siempre transcribo, al revés que todo ese ente superfluo que a veces he encontrado en mi camino. Caliento no para entrar en calor sino para mirar más claro el espectro de la vida, el significado de las cosas, lo que de verdad importa, y al final me siento preparado, preparado para ser yo.

La técnica de carrera es ese efímero punto en el que dominas cada rincón de tu ser, ese abrazo propio que te estremece porque sabes que estás preparado para empezar, para continuar y para finalizar lo que has empezado. Entonces comienza a llover con más fuerza, y aunque el cielo ya hace tiempo que no es azul, puedo continuar mirando al infinito sin expresar nada, viviendo en mis reflejos todo lo que soy capaz de sentir cuando corro, y cuando vivo.

La lluvia no facilita el hecho de desarrollar tu mejor forma de ser, ni como deportista ni como persona. Es ese pequeño lastre con el que lidiamos, ese obstáculo en ocasiones casi insalvable pero que salvamos con la dedicación de quien se esmera en actuar en base a sus creencias, sin cambiar ni un ápice de su ser.

Y entonces el corazón se acelera hasta llegar a ese punto en el que no es que no basten las palabras, sino en el que son necesarias y certeras porque no son sólo adorno sino también esencia. Porque ser cronista no es ser poeta, ni ser como los demás es suficiente cuando ves que todo a tu lado camina a ras del suelo mientras tú quieres volar. Ese es el punto en el que comienza la primera serie, la que resbala y casi te tira, la que te derriba el sentimiento con la primera bofetada que da la bienvenida al resto del entrenamiento.

Suben y bajan las pulsaciones, como las expectativas cuando se nublan y pierden el rumbo, como esa vez en la que anduve perdido sin saber hacia dónde quería llegar. Y entonces deambulo por el entrenamiento sin hablar, sin comentar nada, sin demostrarle a nadie salvo a mí mismo todo aquello por lo que estoy dispuesto a luchar. Así se labran los caminos, en la inmensa soledad que encontramos al amanecer, al cerrar los ojos cuando oscurece, y al caer rendido sobre la pista cuando el esfuerzo acaba contigo y ya no eres capaz de seguir.

Se descontrola el cuerpo y empiezas a tener esa sensación de descontrol en la que ya nada es lo mismo, en la que dejas de aventurar el tiempo venidero, en la que te sueltas de la barandilla y te dejas caer. Se avecina el maratón y las ganas de vivir. Ese modo eterno de ser esa persona que siente mientras desaparece entre la gente que comunica sentimientos comunes.

Jamás me casé con el mundo, ni anduve buscando acomodarme, ni adaptarme, ni ser flexible con las cuestiones del corazón. Sólo supe en este momento abrocharme los cordones y salir al tartán a demostrarme lo que mejor sé hacer, dejarme la piel por lo que siento y creo.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla 27 de octubre de 2016

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MI CAMPEONA

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No la conozco desde hace demasiado tiempo, aunque sí lo suficiente para saber qué es lo que contiene su alma cuando su mirada valiente avanza por entre la vegetación que deja a su paso.

La valentía no es un vocablo cualquiera. Y la suya menos, porque evade siempre la negatividad en favor de la positiva actitud que presenta cuando se sube en la bicicleta, pero también cuando caminamos de la mano y en otros lares de la vida. Y es que ser valiente no es esa verborrea de creerse mejor que nadie. Aunque lo seas, porque ella es muchas veces la mejor,  y para mí lo es, y no tiene esa necesidad que tienen otros de hacer ver al mundo lo grandiosos que son. Ella es grande como nadie, y jamás transmite eso ni con palabras ni con gestos.

Agradece todo como un regalo que se ha de abrazar. Si la vida le sonríe, asiente como quien asume en silencio que el éxito forma parte del juego, más cuando se lucha y a veces es a contracorriente. Si la vida le golpea, se levanta, y si le vuelve a golpear se vuelve a levantar. Y nunca comunica la lágrima que después sonríe y sigue peleando.

Sentimiento es poco al lado de lo que siente. Cuando compite enviste una y otra vez para estar delante, para ver el mundo primero cuando asciende al cielo. Y sonríe y vuelve a sonreír a la cámara, a los aplausos y al espectáculo de verla disfrutar sobre las dos ruedas. La gente se pone en pie a su paso. Transmite esa intensa sensación de belleza que flota con la cálida y eterna marejada de los sueños cuando se hacen realidad. Esa es ella, la que elimina el descenso de la tempestad cuando nos quiere tumbar. Y revive una y otra vez, como quien nunca se rinde, aunque la tiente el pulso de quienes miran de reojo esperando el caos.

Humilde donde las haya, como la luz que ilumina la madrugada cuando nos quiere deslumbrar. La sencilla compostura de la campeona que conquista cada paso con el corazón. Cada segundo el vuelo más alto y sus pensamientos como timón. Sonríe tan preciosa y se inunda el mundo de ilusión. Deslumbra el hallazgo de la condecoración, con el título del ganador que reta a la mejor canción.

Grande. Es grande como el sol cuando anochece y se mide en duelo contra la luna para decir adiós. Es grande como el amanecer que se esmera con dedicación. Grande como la vida cuando arrasa todo a su paso con ambición. Alegre como el mar cuando la tempestad lo empuja con furor. Y alegre es su mirada cuando me mira porque me quiere como la quiero yo.

Francis Campos Jareño
Para mi gran campeona, Laura Jordán
Kyoto, Japón. 12 de octubre de 2016

ESTO ES SÓLO EL COMIENZO DE ALGO MARAVILLOSO

Francis Campos y Jesús Gómez Herrera - Control Federativo Pista de la Cartuja
Francis Campos y Jesús Gómez Herrera – Control Federativo Pista de la Cartuja

Es una de las personas más singulares y valiosas que conozco. Él está leyendo ahora estas líneas y seguramente su sonrisa está tornando a brillar. Como en esos días donde la ilusión llenó nuestras vidas de magia cuando el mundo se derrumbaba delante nuestra.

Hace ahora casi un año que nuestras vidas se cruzaron como parte de estas bonitas casualidades en la que el destino te depara experiencias maravillosas. Y sin esperarlo, lo que fue comenzar a correr juntos acabó convirtiéndose en un modo de vida. Un camino en el que correr era un punto más de todas las cosas que llegamos a vivir juntos.

Se caía el mundo y lo levantamos con el abrazo de dos personas que luchan en silencio. Él es más que un amigo, como un hermano. Es mi confidente, la persona que a uno y mil kilómetros conoce cada recodo de mi corazón. Gracias a él he aprendido a valorar la consecución de metas que no imaginábamos. Pero sobre todo el éxito que supone avanzar a escondidas mientras el mundo se convierte en un chat de experiencias superficiales.

Nuestras palabras las grabamos a fuego en nuestras almas. Siempre está al otro lado. Pase lo que pase, aunque descienda mi mirada en lares desconocidos que nadie entiende, él apacigua la furia de mi ser cuando se tambalea. Se merece todo y más, por eso le tiendo esta mano con la que abrazo su corazón infinito. Ahí estaré como estuviste tú gratuitamente cuando más te necesité. Cuando mis piernas se bloquearon por el desaliento del fracaso vital. Cuando me valió su ejemplo como persona que lucha incansablemente contra el mundo. Tranquilo, hermano, esto es sólo el comienzo de algo maravilloso.

Desde que corro con él, el deporte es nuestro reto y no sólo el mío. Mis marcas adolecen de importancia porque ya no las necesito. Ya no quiero más aplausos que verlo sonreír cuando consigue derribar cada una de las barreras que encuentra a su paso. Su éxito es el mío y viceversa. Y la dura tarea de navegar al compás de llevar la contraria a todos la emprenderemos juntos. Como aquel día en que todo empezó porque yo había tocado fondo. Como esos días en que acudes a mí y caminamos sin volver la vista atrás.

Hemos vuelto, y ya no hay marcha atrás. Este año mejor por el trabajo de la anterior temporada, por los entrenos de verano cuando el sol nos abrasaba y por los días en que el sol fue la única luz que nos alumbró.

Mi amigo, mi confidente, mi compañero. Levanta el alma porque nos espera el cielo. La mejor manera de planear mientras alzamos el vuelo. Es hora de olvidar los anhelos. Miremos hacia delante y brillemos como el fuego.

Francis Campos Jareño
13 de octubre de 2016

No podemos ser buenos en todo

Francia Campos - Triatlon Olímpico Sevilla septiembre 2016
Francia Campos – Triatlon Olímpico Sevilla septiembre 2016

No podemos ser buenos en todo. A veces incluso no podemos ser buenos en nada. No lo digo yo. Lo dice el vocablo bueno en función de con qué lo que compares.

No se trata tanto de la fiebre de competir empujado por el viento del reconocimiento. Lejos quedaron ya los aplausos. Lejos quedaron los recuerdos de cuando al desvanecerse todo fui capaz de comprender quién estaba y quien no estaba ya en mi vida.

Quizás todo esto no es más que una lucha personal en solitario. Por eso muchas veces no opino. Y callo. Guardo el silencio que me inspira el hecho de haber sufrido tanto derrotas como victorias. Y el hecho de que siga aquí es porque las primeras fueron bastantes más que las segundas.

Pero esos eran otros tiempos. Quizás lo que permanece, la esencia, es lo que perdura con los años. Ese punto alcanzado en el que ya no tienes que demostrar nada. Ese ni siquiera tener que dar las gracias porque has fletado un avión hacia el infinito en el que no viaja nadie más que tú como deportista. A eso me refiero con los likes y las sonrisas que mañana cuando sea un tipo tal vez distinto ya no existan. A estas alturas de la vida sé lo que se espera de mi. La respuesta es: exactamente lo que yo decida.

Y es que la vida no me ha enseñado más que a nadie. Pero sí lo justo para tomar mis propias decisiones y seguir mis propios consejos. Para ello, he pasado largas horas conmigo mismo en los últimos años y nada de esto es pura casualidad.

Lo pienso cuando salgo a entrenar. Cuando planeo un reto. No se trata de ser bueno. Ni se trata de ser el mejor porque en realidad nadie es bueno ni el mejor. La vida no se parametriza de ese modo, porque la verdad absoluta es un hecho que ni existe, y aun existiendo debería nacer siempre de nosotros mismos.

Por eso, la lente con la que miramos no ha de ser nunca ajena, sino la propia luz de nuestra mirada cuando mira hacia delante. Eso es realmente lo único a lo que nos debemos y lo que debiera darnos la felicidad plena. Mañana cuando termine todo sólo estaremos nosotros. Mañana cuando no tengamos nada y las circunstancias puedan ser difíciles veremos desplomarse todo a nuestro alrededor. Ese día llegaremos a la conclusión de que uno mismo es el mejor punto de partida y el mejor encuentro con la felicidad eterna. La propia expectativa es la que cuenta, la de cerrar los ojos y luchar por los sueños, la de abandonar la superflua mirada que sólo te abraza durante el éxito.

La soledad es solitaria pero fiel. Y el éxito es una de las cosas más efímeras que conozco. Y dentro de esa poca constante vivencia personal encontraremos mentes que cabalguen a nuestro lado durante la victoria. Las mismas mentes que al frenar nuestro paso desertarán. Las mismas que ayer al despertar ya no estaban. Las mismas que me han traído hasta aquí. Hasta este punto en el que me basta cruzar la línea de meta para deberme a mí mismo justamente la humilde manera que tenemos de soñar los eternos corredores de fondo. Los que somos capaces de amar en cualquier circunstancia, más o menos favorable. Los que nunca desertamos ni exigimos nada salvo la sonrisa. Los que demostramos avanzando y con el paso de los años abrazamos con más fuerza. Confiamos en nosotros y en lo que amamos. Me alegro de haber cruzado esta meta. La soledad del corredor de fondo no es un sentimiento común ni accesible a cualquiera. Volveré a pensarlo cuando me calce las zapatillas a miles de kilómetros para volver a este punto de inicio. No podemos ser buenos en todo. Pero podemos sonreír cada vez que lo intentamos en silencio.

Francis Campos Jareño

8 octubre – Brenes, Sevilla

2.393 GRACIAS – MINIMA DREAM TEAM

Hay casualidades que el mundo necesita, como una mirada que atraviesa el alma y la purifica.

Francis Campos

Jesús y Francis en el Control Nacional de la ONCE (Segovia).
Jesús y Francis en el Control Nacional de la ONCE (Segovia).

La casualidad existe. Como también existe el destino que entrelaza rutas que parecen inamovibles. Es visible este mirar, y esta sensación que querer alzar el vuelo y entregarse hasta el infinito. Lo he visto esta vez, sin dudarlo, que era el camino a seguir, y la mirada a la que abrazar.

Juntos un día más. Una jornada en que dos lágrimas se fusionan para salir adelante. Pocas personas saben que detrás de la sonrisa que deslumbra cuando corremos se esconden sueños y días en los que avanzamos a pesar de las dificultades que encontramos a nuestro paso. Sabemos perfectamente que hay momentos en los que estamos solos. Y es en esa soledad cuando suena el teléfono para preguntarnos. ¿Estás ahí, compañero?

Y ahí estamos juntos, otro día más que pasa y le ponemos otra excusa a la tristeza. No admitimos pasos atrás aunque el mundo se levante contra la brisa que nos empuja al despertar. No nos detenemos a pesar de que el calor nos haga desplomarnos sobre el tartán. A pesar de que haya en el mundo cuestiones superficiales que nos resten energía. A pesar de que no todas las personas que toquemos nos pongan fácil el hecho de sonreír durante 24 horas. Así es la vida, si fuera sencilla #minimadream sería un sueño hecho realidad desde el minuto uno, y por eso nuestro esfuerzo y constancia van destinados a hacer realidad este proyecto por el que nos desvivimos.

Queremos agradecer todo el tiempo dedicado y el cariño recibido con vuestro apoyo en las votaciones. Queremos dar las gracias a cada una de 2.393 personas que nos han brindado su corazón para que Jesús pueda continuar con la ilusión y las ganas de encontrar a su paso una senda que le haga vibrar cada uno de los días de su existencia. Gracias de verdad, porque sin vosotros, este inicio no hubiera tenido lugar.

En Mínima Dream nos gusta darnos a conocer. No porque nuestra finalidad sea mediática o superflua, sino porque queremos ser el Club de Atletismo Adaptado de referencia en España. Y para ello queremos disponer de los recursos necesarios para que todos nuestros atletas puedan cumplir su sueño de desarrollar su máximo potencial deportivo.

Gracias una vez más a todos los que nos dedican su positividad y su afecto. El empuje necesario para continuar con nuestra actividad siempre se acompaña del calor de todas las personas que encontramos a nuestro paso. Con estas palabras os devolvemos nuestra gratitud y con humildad nos disponemos a seguir trabajando para hacer sonreír a cada uno de nuestros deportistas. Gracias a este Sueño, hemos conseguido devolverles la ilusión y hacerles realmente felices.

Por casualidades te encontré, Jesús Gómez Herrera, y al empezar nuestro camino nunca imaginamos que podíamos llegar hasta este punto. Lo mejor de todo es que esto es sólo el principio. No sabemos qué deparará el futuro. Lo único que tenemos claro es que hay momentos en la vida, que una vez llegan suponen el lanzamiento desenfrenado de nuestro corazón. Y lo hermoso de este proyecto es que además de entrega y tesón, contiene sentimiento, mucho sentimiento.

Francis Campos Jareño

Para Jesús Gómez Herrera y el equipo Mínima Dream.

Sevilla 16 de junio de 2016.

EL LUGAR EN EL QUE FABRICAMOS LO QUE SOMOS

Un fuerte dolor en el pecho me deja inmóvil sobre la camilla. Tengo el cuerpo completamente bloqueado. Hoy es una de esas veces en que la derrota, además de amarga, es justa.

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Salgo de la reunión con las manos en la cabeza y el gesto de preocupación. Estoy completamente fuera y el problema es que la situación difícilmente se puede revertir. Al salir de la oficina todo se nubla porque el resto ni acompaña ni lo hará. Hoy es de esas veces en las que no te planteas nada porque no hay nada que plantear.

Camino hacia San Pablo con la cabeza fija en el frente. Cuando encuentro el hueco para entrenar, aprendo que las nubes siempre dejan paso al sol, y que pase lo que pase, el futuro tendrá un significado digno de las personas que pierden con honor.

A veces no es fácil de explicar, pero cuando uno mantiene un tipo de vida es porque es realmente feliz o le compensa serlo. Si moderadamente mira hacia otro lado, es porque esa persona necesita perseverar y nunca está conforme con el resultado. Cuando está es porque ama, pero nunca se queda presente sin amar. Nunca me gusta pensar en lo que podría pasar, pero sé cuándo una mirada miente o dice la verdad. En ese instante en que entro en la pista de atletismo siento que durante el día, la corbata bien ajustada con una buena sonrisa aporta un poco más de felicidad al final de mis días. Y cuando me ato las zapatillas hago lo más fácil de esa jornada, que es ponerle el broche de oro. No porque siempre tenga días geniales, sino porque siempre los acabo bien aunque me derriben.

Trabajar en la calle me ha enseñado dos cosas. La primera es ser educado y coherente con lo estipulado. La segunda es no darme nunca por vencido. A veces me da por pensar que evidentemente es menos malo el esfuerzo que el desprecio, porque lo primero es individual y lo segundo con los demás. Y entonces me digo, quién me da el millón de euros que tengo que vender. Quién me levanta los días en que oigo gritos al amanecer, o cuando me borran el contador y tengo que empezar desde cero para sumar otra vez. La vida puede llegar a ser muy compleja, pero si fuera plana no la soportaría.

Comienzo a rodar para calentar. Nacer con estrella nace quien tiene el cielo, pero los que caminamos, luchamos por un modo de vida que se sostenga más allá de la fuerza finita de nuestro cuerpo. Porque la mente y el corazón son inagotables cartuchos que perduran en el tiempo. Por eso, ser feliz es un reto que reúne también un trozo de nuestro corazón.

No puedo moverme en este instante.

No puedo levantarme

Ni puedo caminar.

No pude ayer ni tres días después. Pero no pasa nada. Aún me queda ese trozo de corazón.

Corro mientras puedo, mientras aprieto los dientes y me enorgullezco una vez más de estar dando pasos hacia delante con las circunstancias que llevo bajo el brazo. Esas que sólo conoce quien me conoce bien. Quien día a día se encuentra con mi sonrisa desde el primer despertar. Y entonces me topo con este mensaje. “Lo que tú haces, es de buena fe. Las intenciones tuyas siempre son buenas…”. Es como la miel del café, que  endulza los días tristes en los que también hablo de cosas buenas. La prisa dejó de existir. Y pienso en mis retos. También me preocupan excesivamente las personas que me rodean y que han sabido estar a la altura cuando me he sentido noqueado. Creo que son ellos los que me mueven cada día a levantarme y perseverar.

Porque al fin y al cabo, una crónica no sirve de mucho si lo que escribes no lo sientes. Ya no es cuestión de apariencias. Porque yo también soy comercial y tengo que vender. Pero también escribo versos que yo solo leo, y también me muerdo la lengua para no expresar lo que siento que podría regalar pero que nadie se merece.

La vida es una cuestión de prioridades. Y al fin y al cabo el éxito no deja de ser una parafernalia que escapa a nuestro control. Lo sé porque quizás aún no sé lo que es ni quiero saberlo. Pero lo he visto pasar de cerca. Lo he tocado cuando lo tenía casi todo y decidí quitar el casi. La vida es también una apuesta arriesgada que provoca sonrisas pero también heridas. Estas pueden curarse, pero las sonrisas hay que cultivarlas, y dedicarlas, aunque no las quieran, aunque la mejor de todas la guardes para mañana, o para pasado, o la lleves contigo hasta el último día. Pero lo importante es eso, renacer y revivir, y sufrir en silencio con el corazón acelerado la mediocridad aparente y los errores que se ven, porque quien sepa valorar tu esfuerzo por traspasar todas esas barreras, sabrá encontrar ese trozo de corazón que no pertenece a nadie.

Hallaremos días en los que todo se venga en contra, y días en los que una voz te haga alzar el vuelo. Es incuestionable que los hallazgos nunca son fruto de la espera del ayer, sino de la esperanza de lo que vendrá mañana. Encontrar y encontrarse no es un cúmulo de sentimiento en ocasiones volátil, sino la volatilidad de las palabras encadenadas que claman con honor que verdaderamente no necesitamos a nadie para respirar. Porque amaneceres en los que la alarma es tu canción favorita y los momentos de ensueño imaginados en ese  primer minuto, significan que la pureza de existir se basa únicamente en los abrazos y los besos que no pueden verse en la oscuridad efímera.

Es la primera luz de la mañana la que señala nuestro rumbo. La que nos hace valorar la estructura vital de nuestro caminar, la que nos hace abrir la mano para agarrar con fuerza lo de que de verdad ansiamos. A esas personas para quien ser especial tiene el inevitable significado de ser único en el segundo que dura una mirada. Y entonces por tercera vez visualizamos el objetivo. Ese que se escapó y que nos aplasta contra el suelo. Y al clavar la rodilla contra el mundo, es cuando levantamos la mirada para repetirnos una vez más que no es necesario competir para ser esencial, ni cambiar para agradar. Quizás porque la soledad con uno mismo es el lugar donde fabricamos lo que somos para nosotros y para los demás. Y cuando no está permitido abandonar porque no podemos ganar, también será imposible pedirle a una estrella que deje de brillar…

Francis Campos Jareño

Sevilla, 21 de abril de 2016

MTB, running y otros divertimentos

Triatlón en Granada, rutas MTB y Running.

El Blog de Marcela Talero

Sobre temáticas de Psicología y RRHH.

Mi Gran Sueño - BMW Frankfurt Marathon 2013

Los primeros 30 kms los corres con tus piernas. Los 12 siguientes, con tu mente. Los últimos 195 m, sólo tu corazón puede vencerlos.

Córrer, el repte dels 45'...o no ;)

Corro perquè m'agrada, ras i curt

KeepingExperiences

Life it's too short, just keep trying and do not look back

www.franciscampos.com

"La vida comienza por un sueño que te estremece en la mañana" (F.Campos)