QUE NADA NI NADIE NOS DETENGA

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Foto de Vicente #olontbike en la maratón de Paterna del Campo 2017

A veces entramos en ese infinito juego de palabras de “estamos jodidos”. Esa sensación de amargarse por las múltiples formas incontrolables que tiene la vida de acecharnos, y jodernos al fin y al cabo. Nos esforzamos con contundencia en provocar en nosotros mismos depresiones que nos hacen tambalear. Nadie provoca esto, sino nosotros con nuestro pensamiento. Cuesta trabajo deprimirse, y aun así seguimos focalizando nuestras mentes en esas cosas que nos joden continuamente. Somos unos puñeteros artistas del mirar la parte negativa de las cosas.

Como si la vida dependiera de los jefes, de las empresas, de los clientes o de las políticos más ineptos del país. Me importa un rábano lo que hagan ellos y cada uno de ellos, porque lo importante realmente es que mañana volverá a sonar el despertador para hacer lo que más me gusta, que es hacer deporte.

Qué es lo peor que podría pasarme, pienso mientras corro antes del amanecer. Nada, absolutamente nada, me respondo. Entonces vacío la cabeza y no miro el cronómetro, ni el ritmo, ni el pulso, y acelero el ritmo hasta sudar en la fresca mañana. Me da igual todo. Bueno, no es que me importe un comino todo lo que acontece a mi alrededor. Pero en realidad, estoy harto de que el mundo se empeñe en propagar por todos lados la cara triste de la moneda.

¿Realmente merece la pena no sonreír porque el 90% de las personas no lo hacen ni quieren hacerlo? La vida es cuestión de supervivencia y nunca te regala nada. Por eso, si algo no te gusta, cámbialo. Y no tengas miedo de las voces de siempre que nos asustan con “lo mala que está la cosa”. Nosotros somos deportistas de resistencia, de esos que nos quitamos horas de sueño para entrenar los minutos que se puedan. Estamos preparados para cualquier cosa que nos mande nuestro día a día. Nos reponemos frente a cualquier revés porque sabemos perder. Nos hemos ganado el derecho a decidir ser felices. Y eso es lo único que importa de verdad.

Y pase lo que pase, mañana entrenaremos otra vez. Y aunque sepa que seré el último tomaré la salida. Aunque me quede atrás, aunque llore y me castigue físicamente para demostrarme que somos los que estamos y que estamos preparados para lo que sea. No es cuestión de fe. Es cuestión de tener claro que creer en uno mismo es mucho más necesario que el reconocimiento ajeno. No hago todo esto para demostrar nada, sino para demostrarme que sigo vivo después de veinticinco llamadas de despropósitos en las que se ha perdido la cordura, y yo la ilusión por ser un profesional que sigue peleando como el primer día después de 6 años dejándome la piel en el trabajo.

El deporte nos enseña eso. Que nuestro futuro pende de una armadura que nosotros nos hemos forjado. A veces lo bueno es enemigo de lo mejor. Y lo mejor se ha convertido en esa certeza de saber que mañana y pasado son días que nos pertenecen. Y que pase lo que pase amanecerá y anochecerá, y nuestros seres queridos estarán a nuestro lado para aplaudirnos y para enfadarse con nosotros. Para reconciliarnos estaremos juntos, y también para batallar y lidiar con los problemas que nos imponga la vida. El deporte nos ha dado eso, las ganas de triunfar cuando todo parece hundirse y ese todo quiere hundirnos. Esa es la resistencia más importante de todas. La de levantar la mirada y luchar un día detrás de otro para mantener nuestro honor, nuestra libertad, y nuestro mapa del camino intacto y bien orientado que hemos elegido para ser feliz.

Que nada ni nadie nos detenga.

Brenes, 11 de octubre de 2017

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“HIJO MÍO, TÚ NO ERES UNA PERSONA NORMAL”.

<<Algunas personas crean con palabras o con la música o con un pincel y pinturas. Me gusta hacer algo hermoso cuando corro. Que la gente diga “Nunca he visto correr a nadie así”.>>

Steve Prefontaine

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Hasta el último minuto mantuve la alegría de vivir, las ganas de correr aunque no pudiera, y la ilusión por pedalear con la rodilla dolorida de la última caída en competición. Reservé la pluma para un día como hoy, una jornada en la que sólo quien me comprende sabe que yo también puedo sentirme a veces abatido.

No me caí para que me intervinieran la mano. Fue la tumoración ósea benigna en un metacarpo que necesitaba un injerto óseo para fortalecer el hueso la que me sacó de la rutina de trabajar y entrenar. La caída en Valencia fue el punto y aparte para recordarme que yo también puedo competir dolorido. Y después en el Trackman 12h de Tabernas (Almería) subí al pódium con mi ratona con el único mérito de tener a mi lado a la mejor mujer que se puede tener, en los buenos y en los malos momentos.

Es lento, doloroso, y tedioso esto de la recuperación de una intervención así, no lo voy a negar. Me esperaba menos, también. Pero también creía que no lo soportaría, que por primera vez pasaría el tiempo ante mi mirada impasible. Pero recordé de nuevo que si sigo aquí es porque soy de esas pocas personas que alguna vez han llegado a meta tanto en última como en primera posición. No soy importante ni nada de eso, ni tengo un magnífico rendimiento, pero sí un magnífico sentimiento y una mirada que atraviesa las paredes de las grandes personas que alcanzo a mirar con mis ojos.

Hace años que escribo. Tantos como media vida, puedo decir a mis treinta y un años. Y soy de esas gentes que cuestionan lo imposible. Me gusta deslizarme por la sensación de sentir que nunca mereció la pena. Porque realmente al tiempo siempre acabaré pensando que lo que soy es fruto de mantener unas ideas que sólo yo he llegado a compartir muchas veces. La idea se sentirme incansable e invencible para mí mismo.

Admiro la gran educación de mis padres y la entereza y humildad con la que dedican parte de su vida a mantenerme a flote en los buenos y malos momentos. Sin ellos, nunca estas líneas hubieran sido verdad. Ni siquiera me sentiría abatido sin más motivo que sentirme desvalido por una debilidad médica que no he podido controlar. Admiro a mi hermano y mi cuñada por su inmensa disciplina y fortaleza con la que encaran cada proyecto que imaginan y persiguen. Ellos son a veces la luz que no permite que deje de perseverar. Y admiro a mi Laura Jordán por su inmensa valentía, por su seguridad y firmeza ante todo lo que nos encontramos por la vida. Sin su existencia, no sabría haber encontrado esta enorme felicidad que siento a día de hoy, cada día que pasa, y cada momento que paso a su lado.

Conforme escribo, me imagino cómo será el regreso al entrenamiento, a las clases de natación para mi nivel “piedrecita” de la mano de mi gran descubrimiento del año, la magnífica persona y gran entrenador Javier Montero. Recuerdo mi última salida en bicicleta, la del “pase lo que pase porque hoy es el último día” y ya no sabré cuándo volveré. Y retengo en mi mente la última carrera a pie hace ya más de un mes con un dolor insoportable en mi rodilla, la del “maldita sea, ya empezamos”. Y con todo eso casi me fui a la operación con la idea en la cabeza de que no sabía si era ciclista, corredor, triatleta, o simplemente un deportista que mantiene la fe por intentar ser cada día mejor persona, y mejor contrabandista de rendimiento.

Esto del deporte no es que se haya convertido en una forma de vida, sino que en mi vida siempre ha estado presente el deporte y la competición en uno u otro sentido. He sabido perder muchísimas veces, y creo que eso ha sido algo que me ha ayudado mucho a programar metas que poco a poco he ido consiguiendo con el paso de los años. Me ha funcionado eso de estar en activo cuando los demás descansan o simplemente toman cervezas o no hacen nada. El “hijo mío, tú no eres una persona normal” de mi madre creo que reflejó en mí una forma de ser que conlleva sacrificio, pero también mucha felicidad. Y ahora que no puedo mover una mano, pienso, que tengo otro brazo y dos piernas para seguir moviéndome y planificando lo que vendrá después de la recuperación. Es verdad que a veces el inconformismo no es bueno. Pero la pasividad con la que vive la mayoría de la gente del mundo es algo con lo que yo no comulgo. Y vivir para verlas venir es algo que no va conmigo.

Así que aquí estoy dispuesto a empezar la segunda temporada del año cual paquete que avanza para mejorar. Y es que a mí no me va eso de compararme con el resto de personas, ni hago deporte para competir con nadie, sino conmigo mismo. Cada cual tiene sus condiciones de vida, sus facilidades y dificultades intrínsecas a su persona, sus motivaciones y particularidades. El secreto de mi recuperación acaba de convertirse en este momento en el “estoy bien” constante, en el “esta semana vuelvo a los entrenos”. Aunque sea mentira, y aunque no sea posible, siempre será importante que mi corazón quiera poder y sienta que no hay nada que pueda frenarme. Mejorar y perseverar, ese es el lema aunque estés jodido y no puedas hacer nada, salvo sudar sobre el rodillo con una mano enganchada en el acople y la otra pidiéndole a Dios que cese el puto dolor. No es fácil soñar a veces, pero siempre he sido consciente de que después de la tempestad, no llega la calma, lo que llega son los sueños que se hacen realidad. Y yo ya estoy latiendo sin cesar para cumplir el mío.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla, 4 de junio de 2017

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Era cuestión de tiempo el haberte encontrado

“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Las personas que no son capaces de hacerlo, te dirán que tú tampoco puedes”.

Will Smith – En Busca de la Felicidad

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Maratón BTT Valverde del Camino

No siempre tenemos la tranquilidad para hacer lo que más nos gusta. A veces en la vida corremos sin saber hacia dónde y apartamos por un momento de nosotros señas de identidad que nos identifican desde pequeños. Escribir es algo que siempre me ha apasionado. Sólo la gente que me conoce bien sabe cuánto disfruto cuando lo hago, y que hace años publiqué un libro de poesía y que uno de mis blogs deportivos tuvo un banner en el Diario Sport. Cuando escribo, hago realidad lo que pienso y siento, lo mismo que pasa por mi mente cada vez que compito contra mí mismo.

La verdad es que siempre he hecho discurrir mis letras desde la libertad de mi pensamiento. Por eso mismo vuelvo ahora a concatenar palabras que quieren significar lo que siempre llevo conmigo en mis adentros. No debemos perder las buenas costumbres. Aquellas que nos hacen mejores personas y nos acercan las mejores sensaciones. Hay muchas cosas que la prosa quiere significar. Y si bien no es fácil expresar con palabras lo que nuestros ojos esconden, las letras son el arma más poderosa que podemos usar para decirle al mundo que nos da igual lo que piense de nosotros. Porque lo realmente importante es saber tener cerca a las personas que de verdad merecen la pena.

Y eso fue lo primero que pensé cuando me monté en una bicicleta de montaña para hacer algo que era nuevo para mí. No es fácil para mí decir esto, pero no resulta sencillo aterrizar con 30 años en un deporte nuevo donde el postureo es similar al del triatlón, y el nivel también ciertamente alto. La verdad es que encontré muchas puertas cerradas, y a veces sentí miedo. El mismo que sentí cuando crucé la meta de mi último maratón hace dos años. Cuando pensé que nunca me recuperaría de la lesión, y que nunca cambiaría mi técnica de correr. Pensé muchas cosas negativas que no eran verdad. A lo mejor porque muchas veces me rodeé o conocí a personas que alentaban negatividad y discurrían por cada momento con un “que viene el lobo”.

Pero sucede que en un momento dado piensas que la mejor manera de hacer una bajada peligrosa sin bajarte de la bicicleta, o de hacer subidas que la mayoría de ciclistas hace con la bicicleta a cuestas, es apuntarte a todas las carreras. Y lo más importante de todo es saber desoír todos los consejos negativos de aquellos que te meten miedo sobre la dureza extrema de cada prueba una y otra vez, como si le estuvieran hablando a un tipo que viene de jugar al ajedrez.

Yo ya venía pensando que este nuevo deporte cumplía una serie de premisas muy adecuadas a mis retos personales de bajar de tres horas en maratón y completar mi primer triatlón distancia Ironman. Sin embargo, la gente muchas veces espera que corras al mismo nivel que tienes en una media maratón de Running y te genera unas expectativas que no son fáciles de cumplir. Más, si te recuerda una y otra vez que este es otro deporte diferente. Pero en realidad, cuando eres un deportista de resistencia, significa no que eres un fuera de serie haciendo pruebas de larga distancia, pero sí que tienes un don llamado voluntad y ganas de llevarle la contraria a todo lo que se te pone por delante. Y unas cuantas dosis de eso es lo que me ayudaría a mí en un deporte como este, donde las barreras de entrada eran realmente altas, y donde como en todos los deportes, los deportistas de más alto nivel eran al fin y al cabo los más llanos y humildes.

Mi aterrizaje no fue sencillo, y pasé realmente meses duros en los que tuve que reciclarme como deportista, en los que me adelantaron una y otra vez mientras mantenía la cabeza lo más alta posible. Fue muy duro todo lo relacionado con mi debut, desde comprarme una bicicleta, buscar un equipo, apuntarme a una carrera o simplemente hacer una bajada sin tener que lanzar la bicicleta al maldito diablo. Acudí a muchos sitios en los que simplemente no esperaba el mejor recibimiento y no entendía por qué. En ese momento extrañaba a mi equipo de triatlón de Barcelona, donde todos podíamos aprender y participar, y donde compartí grandes experiencias con grandes deportistas.

Pero lo mejor de todo, además del aprendizaje que conlleva este tipo de situaciones, es que siempre hay una persona a nuestro lado que se preocupa porque las cosas salgan adelante. Y en mi caso esa persona es mi Laura Jordán, ya que sin ella no hubiera sido posible la confianza y la energía con la que he encauzado las miras, los retos y las ganas de batirme una y otra vez contra mis propias expectativas. Con ella he descubierto muchas cosas dentro de mí que desconocía, he aprendido en silencio compartiendo con ella sus sueños e ilusiones. Y puedo decir a día de hoy, que me fascina despertarme a su lado sabiendo que de principio a fin, saldremos y llegaremos juntos en una gran cantidad de pruebas que nos esperan. Es cuestión de tiempo mejorar, y alcanzar a personas que te tiendan su mano cuando más lo necesites. Era cuestión de tiempo el haberte encontrado amor, y ya estás aquí, para caminar conmigo, y yo contigo hacia el maravilloso mundo de los deportes de resistencia.

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Foto de @SomostuFoto

Francis Campos Jareño

Brenes 14 de abril de 2017

 

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“Nada puede resistirse a la voluntad humana capaz de poner en juego la propia existencia con tal de perseguir su propósito…”

Benjamín Disraelí

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Milla Velá de Triana, 2016

No fue el mejor comienzo. Ni siquiera la luz del día consiguió darme alas, ni las alas consiguieron levantarme cuando quise alzar el vuelo. Pero caminé. Caminé hacia delante con aquel comentario en mi cabeza de que aquel sería mi año, el año en el que batiría todas mis marcas deportivas y personales. Me atraparon las frases de mi tío Juan Antonio, los consejos de mi padre y de mi madre, y las largas conversaciones en la distancia con mi hermano y mi cuñada.

Salí a entrenar muchas veces sin ganas, con la sonrisa fuera y las lágrimas de rabia contenida por dentro. Con sueño por llevar meses sin dormir. Con estrés por esa angustia que me estaba matando. La batalla de aquel tiempo me abducía, pero también me enseñaba a seguir siendo yo. El simple yo humilde y contenido. Volví a por mis retos y pasiones, y caí una y otra vez tras ilusionarme con la vida y con el mundo. El yo de uno mismo contra todos ellos y mis miedos, y el recuerdo de por qué estaba allí todavía, y a pesar de todo.

Entonces recordé la imagen de aquel corredor que quedó antepenúltimo en el campeonato de Andalucía Universitario de Campo a Través en el año 2006, y la imagen de aquel otro que bailaba  una y otra vez contra el último puesto corriendo el milqui a tres minutos por kilómetro. Esa era mi verdadera seña de identidad, mi historia y el porqué de todo. La razón de por qué diez años después aún estaba allí, con mis valores y principios por encima de todo. Y de todos.

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Campeonato de Andalucía Universitario 2007, Málaga   ( 1.500 ml  –  4’37”)

Hoy puedo decir que creo enormemente en el poder de la mente, y aunque soy consciente de mis limitaciones, nunca he consentido que nadie me diga lo que puedo o no puedo hacer. Yo creo en el individuo, y creo en los equipos. Creo en la amistad, en la amistad que cabe en la palma de una mano. En la individualidad de haber tenido entrenadores punteros y haber aprendido de todos ellos. En la de ser entrenador nacional y estudioso para poder ayudar a los demás. Creo en ser uno mismo por encima de cualquier circunstancia o condicionante, en la independencia de decidir lo que quiero o no quiero hacer. Y amar el deporte desde pequeño puede hacerte un lobo solitario que se mueve con el único interés de alcanzar la máxima libertad que existe. La libertad de elegir. Y la libertad de sonreír.

En esas comencé a caminar junto al deporte de resistencia, el que tanto me apasiona y tanto sufrimiento me provoca al mismo tiempo. Acaricié esa enorme sensación de querer más y más. Ese sentimiento increíble de alcanzar ese bienestar tan grande que sólo se consigue al llegar exhausto a la meta después de haberte vaciado por completo. A lo mejor no sé qué es lo más duro del deporte, pero sí sé lo que es entrenar duro después de hacer medias de más de 50 horas de trabajo a la semana, volar más de 60 veces cada año, conducir más de 60.000 km, estudiar una carrera y afrontar diversos proyectos que se han acabado convirtiendo en sueños cumplidos.

Nunca me he considerado un gran deportista, pero sí una persona incansable con todo lo que hace en la vida. Comprometido y constante. Un principiante que alguna vez ha dado algo de guerra, pero que siempre ha mantenido su sitio como deportista amateur. Me ha dado tiempo a vivir grandes experiencias deportivas junto a gente maravillosa con un nivel deportivo increíble. Personas con un palmarés tan grande como su prudencia y sencillez, valores inexistentes en otros grandiosos mequetrefes que también he llegado a conocer a lo largo de mi periplo deportivo.

Mi gran reto en 2016 consistió en crear junto a mi amigo Jesús Gómez Herrera el equipo de atletismo adaptado Mínima Dream. El proyecto comenzó con el sueño de Jesús por conseguir la marca mínima para el Campeonato de España de Atletismo Adaptado, un objetivo que llevaba en su mente ocho años y que finalmente se consiguió en la concentración nacional de la Once en Segovia en el mes de mayo. El broche de oro de la temporada fue ocupar la segunda posición en dicho Campetonato de España celebrado en Alcorcón en las pruebas de 400 y 800 ml. El proyecto fue sonado en los distintos medios de comunicación que nos apoyaron contando nuestra historia (ABC, Diario de Sevilla, Canal Sur, Betis TV, Radio Betis, Historias de Luz…) y actualmente cuenta con un Presupuesto de varios miles de Euros destinado al apoyo del deporte adaptado con patrocinadores como el GRUPO SIFU, ACEITES DEL SUR COOSUR-FUNDACIÓN JUAN RAMÓN GUILLÉN, FUNDACIÓN RANDSTAD y El Club Atletismo San Pablo.

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Minima Dream – Concentración Nacional Once Segovia 2016
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Mínima Dream – Concentración Nacional ONCE Alfaz del Pi, Alicante 2016

El triatlón, mi gran pasión actualmente y el deporte en el que centro todo mi aprendizaje deportivo, me produjo grandes satisfacciones la temporada pasada, con mejores marcas personales en Duatlón Sprint (1h02’54’’), Triatlón Sprint (1h13’27’’), Triatlón Olímpico (2h26’31’’) y Duatlón Olímpico sin drafting (2h25’40’’), ocupando la 8º posición Senior en este último. Y lo más que más me gustó sin duda fue la experiencia vivida a finales de Octubre en el INEF de Madrid, donde pude realizar junto a grandes profesionales de este país el curso pionero de Entrenador Nacional de Triatlón especialista en Larga Distancia.

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Triatlón Olímpico Puerto de Huelva 2016
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Duatlón Olímpico DX2 Itálica 2016
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Triatlón Puerto de Sevilla 2016

En atletismo, el origen de todos los retos que he podido afrontar en deportes de resistencia, y habiendo corrido más de 7.500 km en las últimas temporadas, pude revalidar mis humildes marcas en 10 km (38’46’’), 15 km (59’16’’) y media maratón (1h25’28’’), pero sobre todo me quedo con la medalla de chocolate obtenida en el Trail de Las Arenas de Nueva Umbría (15kms), la marca de las X Milhas do Guadiana (18,2 km) y la mejor carrera que he corrido nunca, la Behobia San Sebastián 2016 (20 km – 1h19’03’’).

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Trail Las Arenas Playas Nueva Umbría 2016
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X Milhas Do Guadiana España – Portugal 2016
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Behobia San Sebastián 2016

Después se cruzó por mi vida un rayo de luz en forma de corazón. Mi campeona Laura Jordán. La persona a la que nunca hubiera esperado apareció de la nada para abrazar mi vida. El motivo de la motivación más hermosa que existe. La compañera del mejor equipo que he formado nunca. Y el deseo que nunca hubiese esperado que llegara a cumplirse llegó para quedarse y lo supe el primer día que hablé con ella. Esa sensación única en la vida, reflejo de los sueños que se fusionan en el único hecho que empieza a acontecer deslumbrando a todo lo demás. Juntos caminamos por nuestros distintos retos, aunando otros nuevos hasta confluir en la nueva senda que estamos conformando. Caminamos de la mano desde entonces y al mirarnos adivinamos que aún tenemos todo por delante para sonreír, atraparnos el uno al otro y alcanzar ese algo increíble que ni siquiera hemos imaginado.

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Mi Campeona Laura Jordán – Maratón BTT Paterna 3ªclasificada Élite tras romper la cadena en la última parte de la prueba

No sé cuál es la manera en la que afronto el futuro, porque una de las cosas más hermosas y a la vez difíciles del deporte es que nunca llegamos a controlar del todo todas las circunstancias que rodean a nuestras posibilidades de entrenar y competir. En este sentido, y muy a mi pesar, he decidido abandonar por motivos personales el reto de correr el que sería mi cuarto Maratón el próximo 19 de febrero en mi ciudad, Sevilla. Ya no sólo por una cuestión de prioridades vitales y de preferencias en la práctica deportiva.

Después de mucho meditar durante dos años y medios, he decidido atajar un pequeño bache que encontré en el camino, y que en todo este tiempo me ha forjado como persona, habiéndome ayudado a que mi identidad esté compuesta por un ser que todo lo que hace en la vida, lo hace con la mano puesta en el corazón. Viene un tiempo distinto, quizás con muchas horas de ausencia y nostalgia, pero así es el deporte de resistencia. Nunca nos regala nada. Lo mejor de todo es que al final siempre soñamos con encontrar la calma después de la tempestad. Con ese sueño empezó el sueño de Mínima Dream, y esa es la principal enseña de todas las veces que firmo con #Ihaveadream. Se trata de encontrar la clave de todo lo que encontraré AL OTRO LADO DE LA META mañana cuando vuelva a despertar de nuevo.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla 1 de febrero de 2017

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Crónica BEHOBIA – SAN SEBASTIÁN 2016

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Francis Campos – 1h19’03” (3’57”/km) / 655 clasificado general /382 Senior / 31.276 inscritos

Cuelgo el teléfono con el pulso acelerado. Respiro con dificultad, con la cara desencajada y el gesto de nerviosismo y estrés de quien ha perdido el control de todo. A tientas camino por la vida, con esa felicidad de las grandes cosas que nos regala el tiempo, que muchas veces se acompaña de situaciones que entristecen la alegría como penumbra que ensombrece a la felicidad. Apago el teléfono y me obligo a desconectar del trabajo. A dejar a un lado esa sensación de agonía de las personas que se creen que son el ejemplo de algo, que al fin y al cabo no es más que decadencia.

Escapo de todo.

Y en esa dificultad asoma el reto de mi vida. El desafío que martillea mi cabeza desde hace años. La bruma repitiendo en mi cabeza el “no puedes conseguirlo” de todas las barreras que encontré mientras luchaba. El recuerdo del “no pretendas cambiar tu técnica de carrera con 30 años”. El límite que te recuerdan las miradas frías que no creen en ti.

Y entonces vuelvo la vista hacia atrás, y recuero las horas de dedicación a pesar de los aviones, los trenes, las reuniones eternas, los jefes, los gritos, el mal ambiente, la venta, la puta venta, las madrugadas sin dormir, la desolación de la vida cuando se iba, las zapatillas de correr en la maleta, el chantaje emocional, el final que resultó ser el mejor comienzo, y la sonrisa a pesar de todo, y de todos.

Y al regresar hoy al horizonte que he alcanzado, me situaba en la línea de salida del cajón que me tocaba, sin nervios, con la mirada perdida en el infinito, en la confianza que se siente cuando la vida te golpea y te has de levantar. Y arranqué el ritmo, sin pulsómetro, ni ritmos, ni relojes caros, ni manguitos, ni gorra, ni zapatillas de 150 euros. Yo y mi mirada, y el simple hecho de estar allí jugándome el prestigio de ser para mí una persona cada día mejor.

Así fue cómo bailé con el cuatro, arrancándole los segundos que me arrebataban las subidas en el exigente recorrido de la Behobia-San Sebastián. Sin tregua peleé por situarme lo mejor posible, por subir apretando los dientes y bajar arañando todos los segundos posibles al crono. Pero nuestro rumbo muchas veces no depende de nosotros y el kilómetro 16 dibujó delante de mis ojos una cuesta que me golpeó con fuerza. Al picar el kilómetro 17 sobre la última cima con mi reloj del Decathlon de 13 euros me vi vencido por aquellos malditos 9 segundos. Estás que recuperas después del mazazo, chaval, pensé.

La vida pocas veces nos regala nada. Y menos en las horas que pasamos solos, en los entrenamientos en solitario sin metas, ni ganas, ni fuerzas. Pocas veces el camino te tiende la mano, ni la gente con esa competición constante de compararse con el mundo, con esa sonrisa pícara de clavar el clavo a los demás, porque les arde el alma de no ser nadie en un mundo en el que siempre hay alguien mucho mejor que tú. Pensaba en todo eso mientras corría con la mirada fija en el Reto.

Y al cruzar la frontera del 18 me sentí invencible sobre el asfalto mojado, sobre el duro camino de amar lo que haces porque sabes que nunca te defraudará. En ese momento supe hacia dónde iba. Lo que me esperaba al cruzar la meta el día en el que el silencio se había apoderado de mi ser. Corrí disfrutando de la cadencia, de las miradas que nos observaban marchar sobre el firme junto al mar, adelantando a la dedicación cuando no encuentra motivos ni razón para avanzar. Hoy lo hice porque confié en mí y en la manera que encontré de luchar por lo que mi corazón me hace sentir.

Lo siento cuatro. Hoy te tocó perder.

Francis Campos

San Sebastián, 13 de noviembre de 2017

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Sentir cuando corro. Y cuando vivo.

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Llueve.

Bailo bajo la lluvia mientras pienso lo maravilloso que puede resultar el mundo visto desde el interior de las personas. Con la mirada perdida en el fondo de la pista de atletismo comienzo el entrenamiento de hoy. Dentro de mí la sensación de querer estar en otra parte, en otro lugar, ese sentimiento imposible que muchas veces no puede ser.

Doy vueltas en el sentido contrario de la pista, al revés que el mundo, como el significado de lo que siento y que siempre transcribo, al revés que todo ese ente superfluo que a veces he encontrado en mi camino. Caliento no para entrar en calor sino para mirar más claro el espectro de la vida, el significado de las cosas, lo que de verdad importa, y al final me siento preparado, preparado para ser yo.

La técnica de carrera es ese efímero punto en el que dominas cada rincón de tu ser, ese abrazo propio que te estremece porque sabes que estás preparado para empezar, para continuar y para finalizar lo que has empezado. Entonces comienza a llover con más fuerza, y aunque el cielo ya hace tiempo que no es azul, puedo continuar mirando al infinito sin expresar nada, viviendo en mis reflejos todo lo que soy capaz de sentir cuando corro, y cuando vivo.

La lluvia no facilita el hecho de desarrollar tu mejor forma de ser, ni como deportista ni como persona. Es ese pequeño lastre con el que lidiamos, ese obstáculo en ocasiones casi insalvable pero que salvamos con la dedicación de quien se esmera en actuar en base a sus creencias, sin cambiar ni un ápice de su ser.

Y entonces el corazón se acelera hasta llegar a ese punto en el que no es que no basten las palabras, sino en el que son necesarias y certeras porque no son sólo adorno sino también esencia. Porque ser cronista no es ser poeta, ni ser como los demás es suficiente cuando ves que todo a tu lado camina a ras del suelo mientras tú quieres volar. Ese es el punto en el que comienza la primera serie, la que resbala y casi te tira, la que te derriba el sentimiento con la primera bofetada que da la bienvenida al resto del entrenamiento.

Suben y bajan las pulsaciones, como las expectativas cuando se nublan y pierden el rumbo, como esa vez en la que anduve perdido sin saber hacia dónde quería llegar. Y entonces deambulo por el entrenamiento sin hablar, sin comentar nada, sin demostrarle a nadie salvo a mí mismo todo aquello por lo que estoy dispuesto a luchar. Así se labran los caminos, en la inmensa soledad que encontramos al amanecer, al cerrar los ojos cuando oscurece, y al caer rendido sobre la pista cuando el esfuerzo acaba contigo y ya no eres capaz de seguir.

Se descontrola el cuerpo y empiezas a tener esa sensación de descontrol en la que ya nada es lo mismo, en la que dejas de aventurar el tiempo venidero, en la que te sueltas de la barandilla y te dejas caer. Se avecina el maratón y las ganas de vivir. Ese modo eterno de ser esa persona que siente mientras desaparece entre la gente que comunica sentimientos comunes.

Jamás me casé con el mundo, ni anduve buscando acomodarme, ni adaptarme, ni ser flexible con las cuestiones del corazón. Sólo supe en este momento abrocharme los cordones y salir al tartán a demostrarme lo que mejor sé hacer, dejarme la piel por lo que siento y creo.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla 27 de octubre de 2016

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MI CAMPEONA

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No la conozco desde hace demasiado tiempo, aunque sí lo suficiente para saber qué es lo que contiene su alma cuando su mirada valiente avanza por entre la vegetación que deja a su paso.

La valentía no es un vocablo cualquiera. Y la suya menos, porque evade siempre la negatividad en favor de la positiva actitud que presenta cuando se sube en la bicicleta, pero también cuando caminamos de la mano y en otros lares de la vida. Y es que ser valiente no es esa verborrea de creerse mejor que nadie. Aunque lo seas, porque ella es muchas veces la mejor,  y para mí lo es, y no tiene esa necesidad que tienen otros de hacer ver al mundo lo grandiosos que son. Ella es grande como nadie, y jamás transmite eso ni con palabras ni con gestos.

Agradece todo como un regalo que se ha de abrazar. Si la vida le sonríe, asiente como quien asume en silencio que el éxito forma parte del juego, más cuando se lucha y a veces es a contracorriente. Si la vida le golpea, se levanta, y si le vuelve a golpear se vuelve a levantar. Y nunca comunica la lágrima que después sonríe y sigue peleando.

Sentimiento es poco al lado de lo que siente. Cuando compite enviste una y otra vez para estar delante, para ver el mundo primero cuando asciende al cielo. Y sonríe y vuelve a sonreír a la cámara, a los aplausos y al espectáculo de verla disfrutar sobre las dos ruedas. La gente se pone en pie a su paso. Transmite esa intensa sensación de belleza que flota con la cálida y eterna marejada de los sueños cuando se hacen realidad. Esa es ella, la que elimina el descenso de la tempestad cuando nos quiere tumbar. Y revive una y otra vez, como quien nunca se rinde, aunque la tiente el pulso de quienes miran de reojo esperando el caos.

Humilde donde las haya, como la luz que ilumina la madrugada cuando nos quiere deslumbrar. La sencilla compostura de la campeona que conquista cada paso con el corazón. Cada segundo el vuelo más alto y sus pensamientos como timón. Sonríe tan preciosa y se inunda el mundo de ilusión. Deslumbra el hallazgo de la condecoración, con el título del ganador que reta a la mejor canción.

Grande. Es grande como el sol cuando anochece y se mide en duelo contra la luna para decir adiós. Es grande como el amanecer que se esmera con dedicación. Grande como la vida cuando arrasa todo a su paso con ambición. Alegre como el mar cuando la tempestad lo empuja con furor. Y alegre es su mirada cuando me mira porque me quiere como la quiero yo.

Francis Campos Jareño
Para mi gran campeona, Laura Jordán
Kyoto, Japón. 12 de octubre de 2016

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