Todas las entradas por Francis Campos

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Pablo de Olavide. Miembro colegiado del Ilustre Colegio de Economistas de Sevilla. Joven poeta y escritor que reside en la localidad sevillana de Brenes. Mantiene que escribir es algo que hace por propia necesidad.

INSPIRATION HUEX’19

“Deja que la belleza que amamos sea todo lo que hacemos.”

(Rumi)

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Ganar no es lo que significa la vida que nos envuelve. El mejor patrocinio que existe a día de hoy se llama sonreír. Se llama luchar y amar lo que haces cuando vives. Y si algo no te gusta, te detienes y miras a cada lado de tu ser para establecer nuevos valores y senderos por los que discurrir y volverte a enamorar.

Yo nunca seré un gran ciclista. Ni seré un gran corredor. Pero sí podré ser un gran deportista que maximiza lo máximo posible el mínimo tiempo que el tiempo libre me permite. Admiro a los padres de familia que entrenan a las seis de la mañana. A los deportistas que sacrifican cada minuto de tiempo que podrían dedicar a sus familias y que escapan de las mil horas de trabajo de jornadas en las que nuestros entornos laborales nos atrapan. Los que entrenan en la noche, o en los descansos del trabajo. Tener muchas horas para entrenar debe ser increíble, pero yo no soy un profesional del deporte, sino un profesional de mi trabajo, y un futuro profesional de la Nutrición, y a estas dos últimas cosas debo mi cansancio y mi ilusión de cada día.

El deporte es mi escapatoria, es mi necesidad diaria que significa un todo con muy poco. Yo compito y me encanta competir. En mi nivel. En mis sueños. Y adoro alcanzar una forma acorde a mis 3.000 km de coche semanales, mi estrés y cansancio acumulado por querer alcanzar el éxito en mi trabajo, en mis estudios y en mi vida familiar. El resto son superficialidades que la vida nos otorga cuando dejamos a un lado los pilares familia, salud y trabajo para entrenar como profesionales que en ocasiones cruzan la frágil línea de las ganas de volar más que los demás.

Yo me debo a la gente que me encomienda sus sueños. Al proyecto de mi novia por mover masas de mujeres amantes de la bicicleta (#bicistikas). A mi proyecto de vida dedicada a todas aquellas personas que no se conforman con vivir una vida cualquiera (Training&Nutrition). El suceso más importante no sería, por tanto, clavar el alma en la Huelva Extrema 2018, porque al fin y al cabo debemos ser mortales consecuentes con nuestros niveles y ambiciones. No se puede ambicionar un sobresaliente en tu desarrollo profesional y en las notas de la universidad y querer además batirte en duelo con aquellos que dedican la mitad de su día a entrenar y cuidar sus objetivos con el mimo que requiere el deporte de ultra-resistencia.

Yo admiro y aplaudo a todos los deportistas que pasan por mis manos. Y como entrenador, a veces olvido cuál es mi sitio en los Retos deportivos. En casa del herrero debemos poner un poco de orden y concierto. Debemos a veces pisar el freno y salir a entrenar sin reloj, sin objetivos. El deporte requiere a veces ese amor y esa entrega que le ponía uno a los entrenamientos cuando no existían las redes sociales, ni los patrocinadores, ni siquiera las cámaras de foto sin carrete. Ni tampoco deportistas que practican deporte para eso mismo, para la foto, la pose, la sonrisa y la autocomplacencia.

A veces no está de más un poco de autocrítica. Y pensando en cada uno de mis viajes semanales por toda la península ibérica, he determinado que la alimentación sigue siendo la base de gran parte de lo que he conseguido como deportista popular, y que el siguiente punto debe ser el cómo hacemos lo que hacemos. Me pregunto muchas veces por qué, contra todo pronóstico, una persona que no puede planificar ni una temporada ni un sólo entrenamiento no puede tener derecho a perseguir grandes gestas deportivas.

Yo he cuestionado muchas de estas barreras con las que me he encontrado en mi vida. Y no sufro ya porque pasen los días y no entrene como me gustaría, porque realmente mi cometido no va a ser ese. No es una obligación sino una libertad auto infundida. Somos seres libres que queremos perseverar y ser felices. Ese es el verdadero punto de partida. Hacemos esto porque nos gusta, y también tenemos derecho a mejorar, aunque lo hagamos lentamente, al ritmo que nuestras obligaciones y sueños nos marcan. Estamos aquí porque amamos lo que hacemos, aunque salgamos los últimos en la foto, y también aunque el fotógrafo ya se haya ido a casa y estén desmontando la meta cuando lleguemos. Ese es el verdadero sentido del deporte de resistencia. Que aunque puedas fracasar una y otra vez, vuelvas de nuevo a situarte detrás de la línea de salida para batir a tu propio YO. No se trata de Ambición. Se trata de Amor. Eso significa para mí el deporte, enamorarse una y otra vez aunque a veces te rompa el corazón.

30 de abril de 2018

Francis Campos Jareño

#RoadtoHUEX2019 con mi ratona Laura Jordán

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Crónica del Trail La Sonrisa de Rafa

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Foto de Cristina Rubio – Trail La Sonrisa de Rafa

Las crónicas han de relatar los caminos que decidimos tomar algún día. Muchas veces planificamos y nos proponemos metas a muy largo plazo. Como si el mapa de nuestros sueños fuera a recorrerse a base de sentimientos. Nuestro camino debe ser mucho más que esto. Nuestro sendero debe ser un compendio de días en los que las ilusiones sean a veces la decisión espontánea de embarcarse hacia lugares totalmente desconocidos.

Aquella mañana supe que sería un gran día. El Berrocal nos esperaba con La Sonrisa de Rafa depositada en cada rincón de este hermoso lugar. Desde que salí a correr con Depa en Lanzarote, entendí que si no me lanzaba a correr a la montaña, me estaba perdiendo mucho del mundo de los trails, y no estaría siendo totalmente libre. Así que escondí mi reloj y me puse un dorsal a sabiendas de que me iría grande si encaraba aquella prueba como un maratón de asfalto.

Me até las Salomon que me regaló mi chica para Reyes y salí al campo a correr libre y sin pausa empapándome de aquel ambiente tan increíble, con la energía de mi corazón y los restos que quedaban de mí tras correr en el Maratón de Lanzarote. Recorrí cada sendero y realicé cada ascensión lo mejor que pude. Batallé en las bajadas hasta abrir los brazos emulando el gesto del vuelo que busca un aterrizaje suave.

Descubro cada día que mi vida está vinculada completamente a los deportes de resistencia. No sólo por lo que disfruto de las competiciones más duras y largas, sino por las noches en las que consigo conciliar el sueño después de los días en los que el éxito no sólo depende de nuestras acciones. Los deportistas como nosotros, no es que sólo nos neguemos a rendirnos. Los humildes amateurs que nos ponemos un dorsal buscamos mejorar, y lo hacemos siempre y sobre todo cuando nos dicen que no seremos capaces de hacer algo que nosotros queremos conseguir.

En el Trail de la Sonrisa de Rafa me demostré a mí mismo que no sirve de nada lamentarse en la vida. Seremos lo que queramos ser. Incluso cuando no podamos en un instante, podremos en el siguiente. Incluso cuando nos pisoteen, nos levantaremos para gritarle al mundo que nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de nada más. No te rindas nunca. Ni en la competición. Ni en el trabajo. Ni en tu día a día. La vida es demasiado maravillosa como para dejarla en manos de otra persona. Por eso, busca a tus aliados, rodéate de los que te quieren y corre hasta el infinito. Aún queda mucho por hacer, y muchas cumbres que coronar.

Bienvenido al fantástico mundo de los trails, Francis.

Francis Campos Jareño

Brenes, 28 de enero de 2018.

CRÓNICA MARATÓN INTERNACIONAL LANZAROTE

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Francis Campos – Lanzarote Marathon 3h07’16” – 10º clasificado español

En la dificultad reside la esencia del éxito que viven las personas en su interior. Me gusta batirme en duelo con los kilómetros más difíciles y más hermosos. Y esa es la estampa más bella que me llevo del Maratón Internacional de Lanzarote. Su complicada orografía y su clima a veces salvaje, sus cambios de viento y su espléndido mar me han acabado cautivando.

Los maratonianos somos esa especie incansable que deambula por los rincones más remotos mientras las personas normales hacen cosas comunes. Somos capaces de correr cuando nuestro cuerpo ya no responde. Imaginamos cosas maravillosas mientras corremos. Y soñamos. Nunca dejamos de soñar y de buscar una nueva experiencia que nos haga más felices.

En cierto modo queremos vivir lo que soñamos. Y no es que no nos contentemos nunca. Porque hoy cuando marchaba camino a Puerto del Carmen a ritmo de 2h57 sabía que estaba arriesgando, y que bien hacía en hacerlo. Yo soy de esas personas que da lo máximo de sí mismo. No me gusta caminar por la vida sabiendo que podría haberlo hecho mejor. Porque no me gusta arrepentirme por nada de lo que hago. Así que, a sabiendas de que la vuelta sería toda con viento en contra, tenía que correr lo máximo posible a la ida.

Llegué entero a la mitad de la prueba, y a la vuelta, en la zona del aeropuerto destrozamos el grupo y empezó el maratón de verdad, el que va en busca del kilómetro 30 con la certeza de que llegará el batacazo y le plantaremos cara. Corrí solo, como me gusta, sufriendo en silencio. Recordé a mi abuelo luchando en su cama por ponerse en pie en los últimos días de su vida. Y las piernas dejaron de dolerme. Ya nada me dolía y luché contra el viento por mantener mi posición.

En Arrecife fui consciente de que iba camino de hacer la mejor maratón que había corrido nunca. Ni los toboganes, ni la soledad ni la cara más cruel del maratón pudo conmigo. Mi abuelo me enseñó que debemos luchar sin fin hasta el último minuto. Y aunque las cosas nunca salgan tan bien como queramos, no debemos venirnos abajo ni pensar que todo está perdido. No te rindas, pensé, aún puedes correr tu mejor maratón.

En Costa Teguise se descontroló mi cuerpo y mantuve el tipo como pude. Al llegar el kilómetro 40 estaba siendo cazado por un atleta italiano, y a escasos 30 metros delante de mí tenía a un corredor lanzaroteño de mi categoría. Hice lo que más me gusta, cambiar el ritmo cuando las piernas están destrozadas y se cruza toda la musculatura. Me dio igual todo y apreté los dientes hasta encarar la avenida principal que me llevaba a la meta.

Me acerqué a los instantes finales entre los aplausos del espléndido público. Señalando al cielo con lágrimas en mis ojos. Esprintándole a la vida como hizo el abuelo hace dos semanas. Corrí puño en alto alcanzando el sol, traspasando a mis dos contrincantes y pisando la alfombra azul dando los zapatazos más increíbles que un maratoniano puede dar. Los últimos 195 metros que me llevaron a mi mejor marca, mi mejor carrera, un sueño hecho realidad en esta Isla que me tiene completamente enamorado. Gracias Lanzarote y gracias Sands Beach por esta acogida tan increíble.

Francis Campos Jareño

Lanzarote, 9 diciembre 2017

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Gracias a mi chica, Laura Jordán, por apoyarme en todo momento en la preparación de este RETO

Como en casa: SANDS BEACH RESORT

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Sands Beach Resort – Costa Teguise, Lanzarote

El maratón requiere no sólo preparación, sino también concentración. Precisa felicidad, pensamientos positivos. La gran distancia quiere que la disfrutes, aunque te pueda, aunque te pise. Querrá que vuelvas, que luches cada kilómetro en busca de la meta. El maratón es eso y mucho más. Por eso yo estoy de vuelta al maratón casi tres años después de mi última participación en esta prueba.

Y no he vuelto para ser mejor. Aunque siempre queramos ser mejores corredores. He vuelto porque tenía una cuenta pendiente con Lanzarote. Quería correr un maratón diferente, duro, de esos que se resisten, de los que juegan a las adivinanzas con el tiempo de carrera. Quería hacer un entreno mental competitivo para descubrir cosas en mí desconocidas.

No ha sido este mi mejor año. Durante mi intervención quirúrgica y la posterior recuperación perdí todo mi estado de forma. He batallado mucho desde que en agosto volví a entrenar a más de 40ºC. He perdido 8 kilos de peso desarrollando un plan nutricional propio basado en cambios en la estructura de mi dieta. He respetado los kilometrajes semanales de mi preparación y he encontrado la motivación a pesar de haberse marchado para siempre de mi vida la persona que me enseñó a montar en bicicleta y que tanto luchó por mi familia. Mi abuelo.

Quiero rendirle homenaje a un hombre que nunca se rindió. Que osó desmantelar a la propia naturaleza del ser humano hasta el final de sus días. No puedo rendirme y pensar que el camino será duro aunque esta sea la realidad. Prefiero pensar que vengo de una familia en la que nos esforzamos por cumplir nuestros sueños. Y ese será mi primer y último pensamiento el sábado cuando dispute mi cuarto maratón. A mis 31 años, me siento orgulloso de las cosas tan bonitas que me ha aportado el deporte y la competición desde que hago lo que más feliz me hace. Cada kilómetro es un agradecimiento más a la vida. Ese es mi sentimiento cuando corro, pedaleo o nado. Y por más que avanzo, no encuentro otra explicación a por qué soy un deportista incansable. Simplemente, todo lo que hago me llena de satisfacción y me hace sentir bien.

Lanzarote y mi lugar favorito para vivir, Sands Beach Resort, se han convertido en estos días en el santuario que dé un giro a mi vida personal y profesional. Desde nuestro aterrizaje de ayer no he dejado de sentirme como si estuviera en casa. Me cuesta creer que haya lugares tan maravillosos como este. Y ver a mi Laura Jordán tan feliz, discurriendo junto a mí por estos días, me está dando una energía fundamental para atravesar los 42,195 metros más bonitos que nunca antes he corrido.

Francis Campos Jareño,

Lanzarote 5 de diciembre 2017.

YO SÓLO SOY UN ATLETA POPULAR CAMINO DEL MARATÓN DE LANZAROTE

“La gente es muy aficionada a usar el dicho que reza «no es importante lo que sabes, sino a quién conoces» como excusa para no hacer nada. Como si todo aquel que ha alcanzado el éxito hubiera nacido teniendo amigos muy poderosos”.  (T.Ferriss)

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Francis Campos Jareño     2006 VS 2016

Yo sólo soy un tipo normal. Alguien más que sueña con no conformarse. Una persona de esas que avanzan cueste lo que cueste y todos esos rollos de superación que normalmente me repito una y otra vez en días como hoy. Soy un maratoniano con tiempos terrenales del montón. Yo sí entreno duro, y sufro cuando corro porque me gusta mejorar.

Hace exactamente 12 años yo era un jugador de hockey de 80 kg de peso que quería correr en el equipo de atletismo de la universidad. Tres meses después era la liebre del equipo femenino de atletismo con un peso de 66 kg. En la vida hay que ser humilde. Yo estoy aquí porque una y más veces he sido el último en una carrera. He sido el atleta silencioso por el que la gente preguntaba en meta al verme llegar: «qué hacía allí un tipo como yo». Es cierto que también me he demostrado a mismo cosas que nunca pensé que podría conseguir. Por eso, creo que en la vida no hay nada mejor que verse derrotado cuando te has dejado el alma por hacerlo lo mejor posible.

Años después, cuando entreno miro el reloj de una forma distinta. El deporte se ha convertido en esa forma de vida de la que disfruto cuando quiero y como quiero, sin prisas, sin presiones y acompañado por mi Laura Jordán, también deportista incansable. Con ella compartiré la bonita experiencia de correr el maratón de Lanzarote dentro de 18 días. Lo increíble de esta prueba no es sólo la belleza de sus paisajes. También me encanta el entorno familiar que te hace respirar y el cuidado que reciben sus atletas. Su circuito exigente es otra de las cosas que atraen a los verdaderos deportistas de resistencia. Me encantan este tipo de pruebas tan bien organizadas y nada masificadas, porque creo que el Maratón es una prueba que en la que debemos acariciar y disfrutar de cada kilómetro. Y Sands Beach Resort y su gente son auténticos especialistas en hacer posible todo esto y mucho más.

Como todo maratoniano, hay veces en que tengo mucha fuerza y me siento imbatible. Pero otras deambulo dando zancadas como un muerto que corre sin saber por qué, con esa sensación de «tienes que correr, y punto». No siempre tenemos un buen día o encontramos respuestas a nuestras preguntas. Ante la duda, me considero un individuo feliz. Esa es la conclusión que saco cada vez que salgo de la habitación de mi abuelo, en el hospital de San Lázaro de Sevilla.

Mi abuelo también es un maratoniano de esos que nunca se rinden. Un hombre que ha trabajado de sol a sol desde los 9 años y que con 30 sembró 500 hectáreas de naranja a 700 kilómetros de su pueblo natal, Montserrat (Valencia). Hasta los últimos instantes de su vida ha pedaleado durante años por la mañana y por la tarde en una bicicleta estática. También ha programado incansablemente la cosecha de frutas y hortalizas en su huerto para abastecer a toda su familia, nosotros. Es un maratoniano con cinco operaciones de cadera. Ese es mi abuelo.

Y por eso, cuando voy a verle le digo que quiero ser como él, y que lucharé siempre para dejar constancia al mundo que la vida sólo te regala lo que tú cosechas. Eso me repito una y otra vez cuando corro un kilómetro detrás de otro, cuando no salen los tiempos y deduzco que me importa un rábano el reloj. Porque lo más importante del Maratón es la esencia que tenemos los corredores de fondo en nuestro corazón. Aunque a veces sienta que he perdido el rumbo, es del todo cierto que mientras mi corazón defienda lo que siento, y mis piernas me lleven hacia donde quiero, estaré vivo y bien despierto para luchar por alcanzar mis sueños.

Francis Campos Jareño,

Brenes, Sevilla, 21 de noviembre de 2017.

QUE NADA NI NADIE NOS DETENGA

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Foto de Vicente #olontbike en la maratón de Paterna del Campo 2017

A veces entramos en ese infinito juego de palabras de “estamos jodidos”. Esa sensación de amargarse por las múltiples formas incontrolables que tiene la vida de acecharnos, y jodernos al fin y al cabo. Nos esforzamos con contundencia en provocar en nosotros mismos depresiones que nos hacen tambalear. Nadie provoca esto, sino nosotros con nuestro pensamiento. Cuesta trabajo deprimirse, y aun así seguimos focalizando nuestras mentes en esas cosas que nos joden continuamente. Somos unos puñeteros artistas del mirar la parte negativa de las cosas.

Como si la vida dependiera de los jefes, de las empresas, de los clientes o de las políticos más ineptos del país. Me importa un rábano lo que hagan ellos y cada uno de ellos, porque lo importante realmente es que mañana volverá a sonar el despertador para hacer lo que más me gusta, que es hacer deporte.

Qué es lo peor que podría pasarme, pienso mientras corro antes del amanecer. Nada, absolutamente nada, me respondo. Entonces vacío la cabeza y no miro el cronómetro, ni el ritmo, ni el pulso, y acelero el ritmo hasta sudar en la fresca mañana. Me da igual todo. Bueno, no es que me importe un comino todo lo que acontece a mi alrededor. Pero en realidad, estoy harto de que el mundo se empeñe en propagar por todos lados la cara triste de la moneda.

¿Realmente merece la pena no sonreír porque el 90% de las personas no lo hacen ni quieren hacerlo? La vida es cuestión de supervivencia y nunca te regala nada. Por eso, si algo no te gusta, cámbialo. Y no tengas miedo de las voces de siempre que nos asustan con “lo mala que está la cosa”. Nosotros somos deportistas de resistencia, de esos que nos quitamos horas de sueño para entrenar los minutos que se puedan. Estamos preparados para cualquier cosa que nos mande nuestro día a día. Nos reponemos frente a cualquier revés porque sabemos perder. Nos hemos ganado el derecho a decidir ser felices. Y eso es lo único que importa de verdad.

Y pase lo que pase, mañana entrenaremos otra vez. Y aunque sepa que seré el último tomaré la salida. Aunque me quede atrás, aunque llore y me castigue físicamente para demostrarme que somos los que estamos y que estamos preparados para lo que sea. No es cuestión de fe. Es cuestión de tener claro que creer en uno mismo es mucho más necesario que el reconocimiento ajeno. No hago todo esto para demostrar nada, sino para demostrarme que sigo vivo después de veinticinco llamadas de despropósitos en las que se ha perdido la cordura, y yo la ilusión por ser un profesional que sigue peleando como el primer día después de 6 años dejándome la piel en el trabajo.

El deporte nos enseña eso. Que nuestro futuro pende de una armadura que nosotros nos hemos forjado. A veces lo bueno es enemigo de lo mejor. Y lo mejor se ha convertido en esa certeza de saber que mañana y pasado son días que nos pertenecen. Y que pase lo que pase amanecerá y anochecerá, y nuestros seres queridos estarán a nuestro lado para aplaudirnos y para enfadarse con nosotros. Para reconciliarnos estaremos juntos, y también para batallar y lidiar con los problemas que nos imponga la vida. El deporte nos ha dado eso, las ganas de triunfar cuando todo parece hundirse y ese todo quiere hundirnos. Esa es la resistencia más importante de todas. La de levantar la mirada y luchar un día detrás de otro para mantener nuestro honor, nuestra libertad, y nuestro mapa del camino intacto y bien orientado que hemos elegido para ser feliz.

Que nada ni nadie nos detenga.

Brenes, 11 de octubre de 2017

“HIJO MÍO, TÚ NO ERES UNA PERSONA NORMAL”.

<<Algunas personas crean con palabras o con la música o con un pincel y pinturas. Me gusta hacer algo hermoso cuando corro. Que la gente diga “Nunca he visto correr a nadie así”.>>

Steve Prefontaine

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Hasta el último minuto mantuve la alegría de vivir, las ganas de correr aunque no pudiera, y la ilusión por pedalear con la rodilla dolorida de la última caída en competición. Reservé la pluma para un día como hoy, una jornada en la que sólo quien me comprende sabe que yo también puedo sentirme a veces abatido.

No me caí para que me intervinieran la mano. Fue la tumoración ósea benigna en un metacarpo que necesitaba un injerto óseo para fortalecer el hueso la que me sacó de la rutina de trabajar y entrenar. La caída en Valencia fue el punto y aparte para recordarme que yo también puedo competir dolorido. Y después en el Trackman 12h de Tabernas (Almería) subí al pódium con mi ratona con el único mérito de tener a mi lado a la mejor mujer que se puede tener, en los buenos y en los malos momentos.

Es lento, doloroso, y tedioso esto de la recuperación de una intervención así, no lo voy a negar. Me esperaba menos, también. Pero también creía que no lo soportaría, que por primera vez pasaría el tiempo ante mi mirada impasible. Pero recordé de nuevo que si sigo aquí es porque soy de esas pocas personas que alguna vez han llegado a meta tanto en última como en primera posición. No soy importante ni nada de eso, ni tengo un magnífico rendimiento, pero sí un magnífico sentimiento y una mirada que atraviesa las paredes de las grandes personas que alcanzo a mirar con mis ojos.

Hace años que escribo. Tantos como media vida, puedo decir a mis treinta y un años. Y soy de esas gentes que cuestionan lo imposible. Me gusta deslizarme por la sensación de sentir que nunca mereció la pena. Porque realmente al tiempo siempre acabaré pensando que lo que soy es fruto de mantener unas ideas que sólo yo he llegado a compartir muchas veces. La idea se sentirme incansable e invencible para mí mismo.

Admiro la gran educación de mis padres y la entereza y humildad con la que dedican parte de su vida a mantenerme a flote en los buenos y malos momentos. Sin ellos, nunca estas líneas hubieran sido verdad. Ni siquiera me sentiría abatido sin más motivo que sentirme desvalido por una debilidad médica que no he podido controlar. Admiro a mi hermano y mi cuñada por su inmensa disciplina y fortaleza con la que encaran cada proyecto que imaginan y persiguen. Ellos son a veces la luz que no permite que deje de perseverar. Y admiro a mi Laura Jordán por su inmensa valentía, por su seguridad y firmeza ante todo lo que nos encontramos por la vida. Sin su existencia, no sabría haber encontrado esta enorme felicidad que siento a día de hoy, cada día que pasa, y cada momento que paso a su lado.

Conforme escribo, me imagino cómo será el regreso al entrenamiento, a las clases de natación para mi nivel “piedrecita” de la mano de mi gran descubrimiento del año, la magnífica persona y gran entrenador Javier Montero. Recuerdo mi última salida en bicicleta, la del “pase lo que pase porque hoy es el último día” y ya no sabré cuándo volveré. Y retengo en mi mente la última carrera a pie hace ya más de un mes con un dolor insoportable en mi rodilla, la del “maldita sea, ya empezamos”. Y con todo eso casi me fui a la operación con la idea en la cabeza de que no sabía si era ciclista, corredor, triatleta, o simplemente un deportista que mantiene la fe por intentar ser cada día mejor persona, y mejor contrabandista de rendimiento.

Esto del deporte no es que se haya convertido en una forma de vida, sino que en mi vida siempre ha estado presente el deporte y la competición en uno u otro sentido. He sabido perder muchísimas veces, y creo que eso ha sido algo que me ha ayudado mucho a programar metas que poco a poco he ido consiguiendo con el paso de los años. Me ha funcionado eso de estar en activo cuando los demás descansan o simplemente toman cervezas o no hacen nada. El “hijo mío, tú no eres una persona normal” de mi madre creo que reflejó en mí una forma de ser que conlleva sacrificio, pero también mucha felicidad. Y ahora que no puedo mover una mano, pienso, que tengo otro brazo y dos piernas para seguir moviéndome y planificando lo que vendrá después de la recuperación. Es verdad que a veces el inconformismo no es bueno. Pero la pasividad con la que vive la mayoría de la gente del mundo es algo con lo que yo no comulgo. Y vivir para verlas venir es algo que no va conmigo.

Así que aquí estoy dispuesto a empezar la segunda temporada del año cual paquete que avanza para mejorar. Y es que a mí no me va eso de compararme con el resto de personas, ni hago deporte para competir con nadie, sino conmigo mismo. Cada cual tiene sus condiciones de vida, sus facilidades y dificultades intrínsecas a su persona, sus motivaciones y particularidades. El secreto de mi recuperación acaba de convertirse en este momento en el “estoy bien” constante, en el “esta semana vuelvo a los entrenos”. Aunque sea mentira, y aunque no sea posible, siempre será importante que mi corazón quiera poder y sienta que no hay nada que pueda frenarme. Mejorar y perseverar, ese es el lema aunque estés jodido y no puedas hacer nada, salvo sudar sobre el rodillo con una mano enganchada en el acople y la otra pidiéndole a Dios que cese el puto dolor. No es fácil soñar a veces, pero siempre he sido consciente de que después de la tempestad, no llega la calma, lo que llega son los sueños que se hacen realidad. Y yo ya estoy latiendo sin cesar para cumplir el mío.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla, 4 de junio de 2017

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