INSPIRATION HUEX’19

“Deja que la belleza que amamos sea todo lo que hacemos.”

(Rumi)

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Ganar no es lo que significa la vida que nos envuelve. El mejor patrocinio que existe a día de hoy se llama sonreír. Se llama luchar y amar lo que haces cuando vives. Y si algo no te gusta, te detienes y miras a cada lado de tu ser para establecer nuevos valores y senderos por los que discurrir y volverte a enamorar.

Yo nunca seré un gran ciclista. Ni seré un gran corredor. Pero sí podré ser un gran deportista que maximiza lo máximo posible el mínimo tiempo que el tiempo libre me permite. Admiro a los padres de familia que entrenan a las seis de la mañana. A los deportistas que sacrifican cada minuto de tiempo que podrían dedicar a sus familias y que escapan de las mil horas de trabajo de jornadas en las que nuestros entornos laborales nos atrapan. Los que entrenan en la noche, o en los descansos del trabajo. Tener muchas horas para entrenar debe ser increíble, pero yo no soy un profesional del deporte, sino un profesional de mi trabajo, y un futuro profesional de la Nutrición, y a estas dos últimas cosas debo mi cansancio y mi ilusión de cada día.

El deporte es mi escapatoria, es mi necesidad diaria que significa un todo con muy poco. Yo compito y me encanta competir. En mi nivel. En mis sueños. Y adoro alcanzar una forma acorde a mis 3.000 km de coche semanales, mi estrés y cansancio acumulado por querer alcanzar el éxito en mi trabajo, en mis estudios y en mi vida familiar. El resto son superficialidades que la vida nos otorga cuando dejamos a un lado los pilares familia, salud y trabajo para entrenar como profesionales que en ocasiones cruzan la frágil línea de las ganas de volar más que los demás.

Yo me debo a la gente que me encomienda sus sueños. Al proyecto de mi novia por mover masas de mujeres amantes de la bicicleta (#bicistikas). A mi proyecto de vida dedicada a todas aquellas personas que no se conforman con vivir una vida cualquiera (Training&Nutrition). El suceso más importante no sería, por tanto, clavar el alma en la Huelva Extrema 2018, porque al fin y al cabo debemos ser mortales consecuentes con nuestros niveles y ambiciones. No se puede ambicionar un sobresaliente en tu desarrollo profesional y en las notas de la universidad y querer además batirte en duelo con aquellos que dedican la mitad de su día a entrenar y cuidar sus objetivos con el mimo que requiere el deporte de ultra-resistencia.

Yo admiro y aplaudo a todos los deportistas que pasan por mis manos. Y como entrenador, a veces olvido cuál es mi sitio en los Retos deportivos. En casa del herrero debemos poner un poco de orden y concierto. Debemos a veces pisar el freno y salir a entrenar sin reloj, sin objetivos. El deporte requiere a veces ese amor y esa entrega que le ponía uno a los entrenamientos cuando no existían las redes sociales, ni los patrocinadores, ni siquiera las cámaras de foto sin carrete. Ni tampoco deportistas que practican deporte para eso mismo, para la foto, la pose, la sonrisa y la autocomplacencia.

A veces no está de más un poco de autocrítica. Y pensando en cada uno de mis viajes semanales por toda la península ibérica, he determinado que la alimentación sigue siendo la base de gran parte de lo que he conseguido como deportista popular, y que el siguiente punto debe ser el cómo hacemos lo que hacemos. Me pregunto muchas veces por qué, contra todo pronóstico, una persona que no puede planificar ni una temporada ni un sólo entrenamiento no puede tener derecho a perseguir grandes gestas deportivas.

Yo he cuestionado muchas de estas barreras con las que me he encontrado en mi vida. Y no sufro ya porque pasen los días y no entrene como me gustaría, porque realmente mi cometido no va a ser ese. No es una obligación sino una libertad auto infundida. Somos seres libres que queremos perseverar y ser felices. Ese es el verdadero punto de partida. Hacemos esto porque nos gusta, y también tenemos derecho a mejorar, aunque lo hagamos lentamente, al ritmo que nuestras obligaciones y sueños nos marcan. Estamos aquí porque amamos lo que hacemos, aunque salgamos los últimos en la foto, y también aunque el fotógrafo ya se haya ido a casa y estén desmontando la meta cuando lleguemos. Ese es el verdadero sentido del deporte de resistencia. Que aunque puedas fracasar una y otra vez, vuelvas de nuevo a situarte detrás de la línea de salida para batir a tu propio YO. No se trata de Ambición. Se trata de Amor. Eso significa para mí el deporte, enamorarse una y otra vez aunque a veces te rompa el corazón.

30 de abril de 2018

Francis Campos Jareño

#RoadtoHUEX2019 con mi ratona Laura Jordán

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