Mi siguiente Reto: El Desafío Doñana 2014

Media Maratón Ruta de Somontano 2013 Campeonato de Aragón 15ºCategoría 1h28'11''
Media Maratón Ruta de Somontano 2013 Campeonato de Aragón 15ºCategoría 1h28’11”

Un año ha pasado ya desde que decidí apuntarme a este concurso llamado Reto Frankfurt con la intención de conocer gente, o simplemente para motivarme más, y en definitiva para emprender un nuevo camino que ni siquiera sabía hacia dónde me llevaría.

Desde ese momento, el correr por correr dio paso a la constante persecución de un nuevo objetivo: correr mi primera maratón. Y de repente, me topé con esa meta que cada cada año se había convertido en un momento aplazable, en ese instante que “ya llegaría”. Así que no esperé más y me puse a correr siguiendo las instrucciones del maestro José Antonio Castilla.

Para alguien como yo, un corredor aficionado sin zancada fácil y con unas cuantas horas de dedicación para poder correr por debajo de cuatro minutos por kilómetro un par de veces al año, el tema este de la motivación se ha convertido en algo que forma parte de cada día. Es cierto que no existe ningún estado de presión sobre mi, sólo la simple necesidad de darle actividad a mi cuerpo para paliar el estrés que provocan un buen puñado de horas de oficina.

Al final, entre una cosa y otra, y sin saber cómo, porque hacer deporte casi cada día es como una religión desde que tengo uso de razón, me he calzado las zapatillas y en los últimos doce meses he corrido 2.888 kilómetros, y entre estos, 4 carreras de 10 kilómetros, la Behobia San Sebastián, 2 Medias Maratones, 2 Maratones y disputado mis dos primeros Triatlones distancia Sprint como ese novato que aprende a nadar casi desde el principio de los tiempos.

Y de toda esta retahíla de pruebas, no es que me sienta orgulloso de los tiempos de llegada a meta, sino de los kilómetros recorridos por el camino, y de cada uno de los minutos invertidos en todo este espacio temporal que he tenido la suerte de poder atravesar. Gracias a todo ello he podido aprender muchas cosas que antes no entendía, o a las que simplemente restaba importancia. No compito contra nadie, ni cuantifico los logros materiales que nunca obtendré, pero lo que sí que hago cada día es despertarme con la ilusión de querer alcanzar un Reto Nuevo, una nueva Barrera que atravesar, y por ende, un Nuevo Camino sobre el que correr.

Bienvenidos a mi siguiente Reto: El Desafío Doñana 2014.

Francis Campos

Barcelona, 1 de julio de 2014

*Os dejo a continuación los links de los videos en los que relato todas las experiencias vividas en este tiempo:

El Reto Frankfurt BMW Marathon 2013

El Camino hacia el Desafío Doñana 2014 (1ªParte)

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CRÓNICA del MARATHON DE PARIS 2014

By Francis Campos

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Despierto como si acaso hubiera dormido algo. Toda la noche sudando como un chopo, y al apoyar los pies en el suelo, me digo: madre mía, ¿y hoy tengo que correr una maratón? De pronto se me vienen a la mente los paseos por las calles de París y decido no hacer la cuenta de los kilómetros que hemos recorrido los dos días anteriores a la gran prueba.

Bajo las escaleras del metro y pienso que la clave del éxito es la preparación y a lo mejor no tanto los pequeños detalles. ¿Hubiera sido mejor pasarme dos días dentro del hotel con las piernas en alto? ¿Acaso hubiera levantado más mi moral el haberme perdido esas rutas por las calles de la capital francesa, ese descubrimiento continuo de una cultura que fascina a cualquiera? Si el maratón es en gran parte un reto mental (pienso y dicen), estoy de acuerdo en que he entrenado lo suficiente en la medida en que mi cuerpo ha encajado la dureza de preparar dos maratones en cinco meses, y que después de la satisfacción que te aporta conocer un lugar tan increíble, hoy voy a correr contra mí mismo y mis propios miedos.

Me apeo en Víctor Hugo y allí está Marcos esperando con las manos en los bolsillos. Es un gran día para él, y aunque aún no lo sabe, va a demostrar que el esfuerzo tiene premio, y que es alcanzable todo aquello que uno sueña al despertar. El Arco del Triunfo, con la parte alta en obras, amanece mientras los primeros corredores dejan verse por la zona de salida. Allí en una de las calles próximas se encuentra el resto del equipo de La Bolsa del Corredor, cada uno con sus propósitos y su mundo interior acercándose hacia lo más místico de la distancia de Filípides.

Comienza la carrera y parece que estoy allí para hacer algo distinto a correr. No me preocupa que no he preparado a conciencia una estrategia. Ni siquiera tengo una visión clara de cuál es la franja entre mi mejor y mi peor expectativa. El reloj me achucha y le digo, tranquilo, hoy toca disfrutar y esto del estrés no tiene ningún sentido. Por eso aflojo el ritmo tras el paso por el kilómetro cinco en la Place de la Bastille. Disfruto mucho de ese arranque controlado que me sirve para situarme en carrera. Me alcanzan las liebres de tres horas y las dejo pasar sin sentir nostalgia. Todo llegará, pienso en ese instante en que me deslizo por la Rue du Faubourg Saint Antoine.

Me quedo impactado al pasar por el Château de Vincennes. El ambiente en las calles está siendo increíble, y al entrar en el Bois de Vincennes no me siento solo. Hay runners que me pasan y otros que se quedan atrás. Es el maratón, que va poniendo cada cosa en su sitio. Y no sé por qué pero tengo la sensación de que hoy es un día espectacular, y quiero demostrarme aquello de que dadas unas circunstancias que no pueden cambiarse (llámese cuerpo, entrenamiento, climatología, organización o cualquier otro elemento potenciador o limitante), voy a conseguir el mejor de los resultados posibles.

Estoy disfrutando de correr, y al pasar la media maratón, comprendo una vez más que me encanta esto de dar zancadas aunque mucha gente piense que no sirve absolutamente para nada. Le veo el sentido a todas esas horas dedicadas a un momento de varias horas, que es efímero y se acaba de un plumazo. Descubro lo grande que es ver pasar ese espacio temporal, medido kilómetro a kilómetro, viendo a la gente aplaudir y a los demás corredores debutar un día más, retar al reloj y a su propia capacidad de elegir los tiempos en que deslizar su alma por el asfalto.

Me relaja correr junto al Sena y me divierte el hecho de escuchar música disco en un túnel que no sabes cuándo termina y en el que se pierde la señal del GPS. Me importa bien poco, si lo grande es ver el cartel que anuncia cada kilómetro y a tu familia apoyándote junto a la Torre Eiffel. ¿Acaso hay algo más grande que tener cerca tanta gente que te quiere y que estará junto a ti, pase lo que pase?

De repente aparece la parte más dura del maratón, EL MURO, que esta vez me visita en el kilómetro 29, y yo sólo veo a mi novia peleándose con el botón de la cámara, a mi madre sufriendo por su hijo y a mi padre como un PRO con su cámara como si grabara a un profesional, cuando realmente registra la imagen de alguien que persigue sueños por el hecho de retarse a sí mismo y a sabiendas de que no va a ganar ningún premio físico. Sólo la gran satisfacción de alcanzar grandes logros personales como es el sonreír al verlos a todos allí gritándoles palabras de ánimo.

Es una imagen que se me queda grabada y que se me viene a la mente al pasar por el kilómetro 32. De modo que pienso que hoy he decidido correr una 10K y que el punto de partida no es muy fiable, pero que al fin y al cabo son diez kilómetros y que como ya lo he hecho tantas veces, qué más da correrlos otra vez más. Y es entonces cuando echo mano de uno de esos geles marca blanca que he encontrado en el Carrefour , y el chute de cuarenta céntimos acaba por despertarme del todo.

Empiezas a ver que todo es mental, y que aunque el cuerpo acaba de recordarte que el ritmo tuyo es de veinte segundos más lento que el que llevabas, que realmente no pasa nada porque estás en una 10K por el Bois de Boulogne, y que sin saber por qué, porque no eres un alguien importante, hay gente que sin conocerte te llama por tu nombre mientras te manda fuerzas para continuar luchando: allez, allez Fransísss!

Las piernas comienzan a pesar mucho, y al pasar por el kilómetro 35 recuerdo que en Frankfurt me falló el abductor izquierdo, y que esta vez no puede ser menos. Y entonces para compensar un poco esa repetida molestia es bueno que el gemelo derecho amague con subirse para ya mandar al cuerno todo ese rollo poético que tiene el maratón. Pero me digo, llevo cinco meses entrenando con ese dolor y es como si ya formara parte de mí. Cómo es posible que llegadas dos horas y cuarenta minutos de carrera, y con la opción aún posible de acercarme al tiempo que hice Frankfurt, ahora con condiciones físicas bastante por debajo se me pase por la cabeza aminorar la marcha o siquiera pensar que la fuerza no me acompaña. ¿Me voy a parar ahora?

Avanzo inevitable por aquel parque y sueño en cada curva con ver la línea de llegada, ese punto que tantas veces parece inalcanzable, sobre todo si prestamos demasiada atención a todos aquellos factores que merman nuestra persistente fortaleza. Podemos tambalearnos si tenemos en cuenta que somos personas y que además no somos profesionales. Pero cuando ya has elegido que hoy es el día para que la vida te devuelva una sonrisa, entonces ver salir el sol es la puesta en escena de un simple aficionado que se desliza inexorablemente hacia El Otro Lado De La Meta.

Sube la temperatura hasta alcanzar el punto álgido donde un sureño se mueve como pez en el agua, y entonces enfilo la última recta al pasar por Porte Dauphine, con la cabeza alta y orgulloso de no haberme dado por vencido cuando en los momentos de debilidad parecía lo más sensato. Allí estaba yo, otra vez cruzando la barrera que separa lo imposible de lo alcanzable, lo que el destino tiene preparado para las personas que jamás se rinden. Puño en alto otra vez más. No importa nada sino ese candado cerrado en mi propio interior, esa verdad desbocada que clama sueños que rugen en bandada y nacen vidas que conquistan ideales, y al final de la emboscada sale airoso el vivo camarada, parisino sevillano con la sangre de un poeta y el empuje de un tirano…

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Francis Campos Jareño

Vuelo Air France París Charles de Gaulle – Barcelona El Prat

7 de abril de 2014

LE PARISIEN DE SEVILLE. DERNIER JOUR AVANT LE MARATHON DE PARIS.

Le parisièn de Seville

Abro los ojos y descubro un lugar desconocido para mi. Un sitio donde lo inmenso equivale a la totalidad de experiencias que cautivan un sentimiento que se redescubre a sí mismo. Un espacio donde no hay rincón donde no se pueda observar algún detalle especial.

Aparezco en la rue Louise Michel y de pronto el tiempo se detiene a pesar de que la gente camina apresurada hacia destinos diferentes. El olor de las Boulangeries me hace relajar aún más la respiración. Y al retomar el paso, mi corazón se acelera. No porque se acerca el Gran Día, sino por la prisa que tengo por conocer la bella ciudad en la que acabo de aterrizar.

Nos dejamos caer por la feria del corredor para fotografiar el comienzo de la segunda experiencia deportiva más importante que he vivido hasta el momento. Comprendo que la vida es un espacio temporal que asiste a muchas satisfacciones diarias que persiguen un algo grande que nos retribuye de algún modo el esfuerzo que conlleva no elegir el camino más fácil.

Aparecemos por las calles de Montmartre y no hace falta darse cuenta de que París marcha a ritmo de Maratón. Lo dice le Sacré-Coeur, la Tour Eiffel, les Invalides, Notre-Dame y tous les lieux por los que dejamos ver nuestras sonrisas más sinceras. No pasa demasiado tiempo hasta que respondo a esa pregunta de a dónde irías si tuvieras que cambiar de rumbo. A París.

Veinte minutos de rodaje suave por Levallois-Perret a primera hora de la mañana siguiente reafirma la visión que tengo de mon quartier. Respiro profundo y por un momento recuerdo que mi objetivo es esa sensación de pararse el reloj para escuchar las sensaciones de un cuerpo que atiende a las razones del esfuerzo y la dedicación. Correr es mi modo de vida y mañana tengo que demostrarlo a lo largo de un recorrido que enamoraría a cualquiera. Las banderolas que cuelgan de farolas dicen la verdad. Esto es no es ni más ni menos que Courir dans la plus belle ville du monde.

Avanzan los minutos y la máxima presión que siento es la de no haberme olvidado nada cuando me sitúe en la línea de salida. Cuál es el ritmo, me preguntaré al salir y recordar todas las idas y venidas por el Besòs, todos los barcos divisados al llegar al mar, los amaneceres y anocheceres unas veces especiales y otras tantas para no recordar. Al fin y al cabo todos los kilómetros de preparación en los que decidí no detener la cadencia de mis pasos a pesar del dolor y el cansancio. Qué más decir sobre la velocidad, si la estrategia de carrera que más orgullo me daría sería la de volver a situarme Al Otro Lado De La Meta.

Se acerca el despertar más mágico que puede contemplar alguien que asiste a un examen que se aprueba con la ardua tarea de correr casi tres mil kilómetros en un año. Cierro los ojos e imagino la línea de salida. Pase lo que pase allí estaremos mañana para correr por todos los que no pueden estar aquí con nosotros. Porque al fin y al cabo, esto de sumar kilómetros no es una competición, sino la manera que tenemos los maratonianos de pisar el asfalto con la contundencia que precisan los tambores que anuncian el cumplimiento de un Gran Sueño.

Bienvenidos de Nuevo. Por fin ha llegado el día del Marathon de Paris 2014.

Francis Campos
Levallois-Perret, 5 de abril de 2014.

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Bienvenidos a mi Segundo Sueño: Marathon de Paris 2014

“Sueña con correr. La victoria más importante no está en el tiempo, sino en el intento”.

Jesús Chinchi – BC Team Marathoner 2h52′

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Es duro esto de correr maratones, me digo.

Hasta pienso demasiado en las palabras que me dirigen cierta tarde en cierto lugar de Barcelona: “¿Y con esas piernas vas a correr maratones?”. En ese instante agacho la cabeza y recuerdo los duros momentos que he vivido en los últimos meses. No es fácil ni esta recomendado terminar una maratón y ponerse a preparar otra. Es un desafío que tiene sus consecuencias, y más allá de lo que opina nuestra poderosa mente que estalla de júbilo al cruzar la meta, el cuerpo tiene unas reglas y unos pasos que no se pueden saltar.

Pasan los días y es difícil entrenar sin encontrar algún pero. Lejos quedan ya la Behobia y Lanzarote, las piernas volando por sí solas, ese empuje justificado por El Maratón, que te pone tan fuerte. De pronto estamos en enero y al pasar los Reyes Magos por la puerta de mi casa me percato de que faltan 3 meses para el Maratón de París. Qué estoy haciendo aquí, me repito consecutivamente como un disco rallado.

Avanza el mes y no llego a perder la forma. Pero la verdad es que estoy cogido con pinzas. Entra febrero y añadido al gemelo avisa el talón: 10 días parado. ¿Qué hago? Me pregunto. Entonces me subo a la bici y voy a nadar cada día. Finalmente, al aliviarse el dolor corro lentamente sobre el césped del Besòs. Subo de peso y pierdo las pocas buenas sensaciones que me quedaban. Regreso a los entrenamientos y me siento perdido. Me falta todo, pero lo peor de todo es que he perdido la ilusión.

Marcho a trabajar cabizbajo, y salgo de la oficina cargando con desgana con la mochila. Al menos tienes que intentarlo, ¿no, o te vas a rendir ahora? Me dice algo dentro de mí. ¿Y tú eres el de Reto Frankfurt? Me repito a cada instante. Siento frío, ese frío húmedo que te abraza inevitablemente a la hora en que las personas normales están cenando. Corro hacia el mar pasando siempre por el Puerto de Badalona, como si allí me esperara un barco que viene a rescatarme.

Aprieto los dientes en cada zancada y sufro como nunca cada kilómetro que recorro. Jamás he padecido tanto físicamente como ahora. Llego a casa sin fuerzas para nada. Las dificultades con algunas personas a las que aprecias tiran al traste las esperanzas de sentirse empujado por un ambiente positivo. Es el ciclo de la vida, que a veces también toca fondo, y estar a mil kilómetros de casa tampoco ayuda. Qué voy a hacer si paro de correr, me pregunto. Si este es mi medio, si esta es la forma que tengo de expresarme, de meditar, de demostrarme a mí mismo que tengo un objetivo que se llama 42 kilómetros y 195 metros en una de las ciudades más bonitas del mundo.

Pasan más días y de pronto anochece. Hasta parece que entra la Primavera. Sonrío y dejo atrás la Mitja de Barcelona. Comprendo que la vida otorga grandes beneficios a las personas constantes y perseverantes. Si de ilusiones se vive, la vida acaba encontrándolas por doquier. Y llega un momento en que los sueños son pequeñas metas alcanzables que dejan a un lado a los miedos y a todos aquellos que te traen las lágrimas que sueltan en cada despertar.

Hoy me veo en París. No mido los tiempos. Al correr sólo me preocupo de encontrar mis mejores sensaciones. Escucho a mi corazón y saco todo lo malo que en los momentos de debilidad trata de atraparme. Hoy es el día en que vuelvo a sentirme Maratoniano. Vengo a medir mis fuerzas contra mi peor enemigo: yo mismo cuando otorgo valor a las cosas que no puedo controlar. Es tiempo de vivir y de soñar, y yo estas dos cosas las fusiono en el mismo instante en que empiezo a correr…

Bienvenidos a mi Segundo Sueño: Schneider Electric Marathon de Paris 2014 – 6 avril 2014.

Francis Campos Jareño

Barcelona, 28 de marzo de 2014

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Mi Gran Sueño - BMW Frankfurt Marathon 2013

Los primeros 30 kms los corres con tus piernas. Los 12 siguientes, con tu mente. Los últimos 195 m, sólo tu corazón puede vencerlos.

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