CRÓNICA MARATÓN INTERNACIONAL LANZAROTE

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Francis Campos – Lanzarote Marathon 3h07’16” – 10º clasificado español

En la dificultad reside la esencia del éxito que viven las personas en su interior. Me gusta batirme en duelo con los kilómetros más difíciles y más hermosos. Y esa es la estampa más bella que me llevo del Maratón Internacional de Lanzarote. Su complicada orografía y su clima a veces salvaje, sus cambios de viento y su espléndido mar me han acabado cautivando.

Los maratonianos somos esa especie incansable que deambula por los rincones más remotos mientras las personas normales hacen cosas comunes. Somos capaces de correr cuando nuestro cuerpo ya no responde. Imaginamos cosas maravillosas mientras corremos. Y soñamos. Nunca dejamos de soñar y de buscar una nueva experiencia que nos haga más felices.

En cierto modo queremos vivir lo que soñamos. Y no es que no nos contentemos nunca. Porque hoy cuando marchaba camino a Puerto del Carmen a ritmo de 2h57 sabía que estaba arriesgando, y que bien hacía en hacerlo. Yo soy de esas personas que da lo máximo de sí mismo. No me gusta caminar por la vida sabiendo que podría haberlo hecho mejor. Porque no me gusta arrepentirme por nada de lo que hago. Así que, a sabiendas de que la vuelta sería toda con viento en contra, tenía que correr lo máximo posible a la ida.

Llegué entero a la mitad de la prueba, y a la vuelta, en la zona del aeropuerto destrozamos el grupo y empezó el maratón de verdad, el que va en busca del kilómetro 30 con la certeza de que llegará el batacazo y le plantaremos cara. Corrí solo, como me gusta, sufriendo en silencio. Recordé a mi abuelo luchando en su cama por ponerse en pie en los últimos días de su vida. Y las piernas dejaron de dolerme. Ya nada me dolía y luché contra el viento por mantener mi posición.

En Arrecife fui consciente de que iba camino de hacer la mejor maratón que había corrido nunca. Ni los toboganes, ni la soledad ni la cara más cruel del maratón pudo conmigo. Mi abuelo me enseñó que debemos luchar sin fin hasta el último minuto. Y aunque las cosas nunca salgan tan bien como queramos, no debemos venirnos abajo ni pensar que todo está perdido. No te rindas, pensé, aún puedes correr tu mejor maratón.

En Costa Teguise se descontroló mi cuerpo y mantuve el tipo como pude. Al llegar el kilómetro 40 estaba siendo cazado por un atleta italiano, y a escasos 30 metros delante de mí tenía a un corredor lanzaroteño de mi categoría. Hice lo que más me gusta, cambiar el ritmo cuando las piernas están destrozadas y se cruza toda la musculatura. Me dio igual todo y apreté los dientes hasta encarar la avenida principal que me llevaba a la meta.

Me acerqué a los instantes finales entre los aplausos del espléndido público. Señalando al cielo con lágrimas en mis ojos. Esprintándole a la vida como hizo el abuelo hace dos semanas. Corrí puño en alto alcanzando el sol, traspasando a mis dos contrincantes y pisando la alfombra azul dando los zapatazos más increíbles que un maratoniano puede dar. Los últimos 195 metros que me llevaron a mi mejor marca, mi mejor carrera, un sueño hecho realidad en esta Isla que me tiene completamente enamorado. Gracias Lanzarote y gracias Sands Beach por esta acogida tan increíble.

Francis Campos Jareño

Lanzarote, 9 diciembre 2017

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Gracias a mi chica, Laura Jordán, por apoyarme en todo momento en la preparación de este RETO
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Como en casa: SANDS BEACH RESORT

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Sands Beach Resort – Costa Teguise, Lanzarote

El maratón requiere no sólo preparación, sino también concentración. Precisa felicidad, pensamientos positivos. La gran distancia quiere que la disfrutes, aunque te pueda, aunque te pise. Querrá que vuelvas, que luches cada kilómetro en busca de la meta. El maratón es eso y mucho más. Por eso yo estoy de vuelta al maratón casi tres años después de mi última participación en esta prueba.

Y no he vuelto para ser mejor. Aunque siempre queramos ser mejores corredores. He vuelto porque tenía una cuenta pendiente con Lanzarote. Quería correr un maratón diferente, duro, de esos que se resisten, de los que juegan a las adivinanzas con el tiempo de carrera. Quería hacer un entreno mental competitivo para descubrir cosas en mí desconocidas.

No ha sido este mi mejor año. Durante mi intervención quirúrgica y la posterior recuperación perdí todo mi estado de forma. He batallado mucho desde que en agosto volví a entrenar a más de 40ºC. He perdido 8 kilos de peso desarrollando un plan nutricional propio basado en cambios en la estructura de mi dieta. He respetado los kilometrajes semanales de mi preparación y he encontrado la motivación a pesar de haberse marchado para siempre de mi vida la persona que me enseñó a montar en bicicleta y que tanto luchó por mi familia. Mi abuelo.

Quiero rendirle homenaje a un hombre que nunca se rindió. Que osó desmantelar a la propia naturaleza del ser humano hasta el final de sus días. No puedo rendirme y pensar que el camino será duro aunque esta sea la realidad. Prefiero pensar que vengo de una familia en la que nos esforzamos por cumplir nuestros sueños. Y ese será mi primer y último pensamiento el sábado cuando dispute mi cuarto maratón. A mis 31 años, me siento orgulloso de las cosas tan bonitas que me ha aportado el deporte y la competición desde que hago lo que más feliz me hace. Cada kilómetro es un agradecimiento más a la vida. Ese es mi sentimiento cuando corro, pedaleo o nado. Y por más que avanzo, no encuentro otra explicación a por qué soy un deportista incansable. Simplemente, todo lo que hago me llena de satisfacción y me hace sentir bien.

Lanzarote y mi lugar favorito para vivir, Sands Beach Resort, se han convertido en estos días en el santuario que dé un giro a mi vida personal y profesional. Desde nuestro aterrizaje de ayer no he dejado de sentirme como si estuviera en casa. Me cuesta creer que haya lugares tan maravillosos como este. Y ver a mi Laura Jordán tan feliz, discurriendo junto a mí por estos días, me está dando una energía fundamental para atravesar los 42,195 metros más bonitos que nunca antes he corrido.

Francis Campos Jareño,

Lanzarote 5 de diciembre 2017.