We Have A Dream

“Hay en la vida una premisa que el mundo necesita. Y es que la sonrisa, que tan fácil a veces se divisa, a veces amanece escondida. Sentir no es la casualidad del mundo, sino la conclusión de una vida llena de esfuerzos…” (Francis  Campos)

Huelva3
Control federativo. 400 m.l. Estadio Iberoamericano de Huelva (Foto de Footing Pepito)

No nos rendimos. Somos navegantes indefinidos. Eso pensamos Jesús y yo. Lo veo en su ilusión sonriente, en su bondad como persona que persigue un gran sueño. No te rindas, le digo una y otra vez, eres capaz de conseguir lo que te propongas. Sólo necesitas dar el primer paso y jamás retroceder. El camino, amigo, nunca será fácil. Porque ser feliz no es un azar sino un constante batallar por un mundo que a veces se nos pone en contra.

Reiremos mucho, pero otras veces no comprenderemos que los malos resultados son necesarios. Nos sentiremos frustrados por no merecer lo que en ocasiones encontraremos en nuestro avance. Todo esto no es más que una enseñanza. Mantendremos el silencio y por dentro pensaremos en nuestro destino, el que elegiremos y trabajaremos como un hábito diario de entregarnos hasta el infinito. No tendremos ningún regalo. Ninguno. Pero jamás te quepa duda que hallaremos el merecimiento de quien se sabe el perdedor o ganador que lo ha dado todo.

Nos situamos en la línea de salida del estadio Iberoamericano de Huelva. Camuflamos los nervios de siempre, ese revoloteo en nuestro estómago fruto del resultado que aún no ha sucedido. Tranquilo, amigo, esto es sólo el principio. Colocamos lo tacos. Los recolocamos otra vez y salimos para probar. Siempre cuesta reaccionar cuando estamos en frío, es como conformarse y forzar la positividad que a veces se escapa. Así son los latidos del corazón. La segunda vez siempre late más rápido y más intenso.

Segunda salida de prueba. Compenetramos nuestras piernas y apretamos los puños como una reacción de fortaleza. Bloqueamos nuestros cuerpos y nuestras decisiones. Vamos a por todas, compañero. Suena el flash del fotógrafo y parpadeamos. Las gradas están abarrotadas. Sentimos el frío intenso sobre nuestros brazos desnudos. La noche deja paso al comienzo de la prueba, la carrera del día, ese pequeño reto diario de darnos y dar a los demás lo mejor de nosotros. Allí estamos, preparados para alzar el vuelo, para conquistar el mundo.

La salida de verdad nos alcanza. El momento crucial en el que se decide si avanzamos o si retrocedemos y perdemos toda ocasión de sentir lo que unos ojos cerrados pueden llegar contener. A sus puestos, grita el juez para colocar nuestra vida en ese punto camuflado que quiere seguir adelante.

Listos, continúa. Estamos preparados. Es la máxima número uno. Siempre estamos preparados y no dudamos que los grandes acontecimientos nunca son fruto de la casualidad. Nos sentimos grandes y levantamos nuestro cuerpo sobre los tacos. Mordemos, rugiéndole a la vida. No es paciencia ni control, se llama ilusionarse y motivación. Esa es nuestra vida. Avance tras avance.

¡Ya!

Y salimos disparados sobre la primera curva, esa que trata de sacarte hacia fuera del estadio, la de prueba, la irreal y confusa que descarrila trenes con una única meta. Corremos con el pulso acelerado. Con el corazón bombeando buenas intenciones y nuestra atenta persecución de lo infinito luchando por no divagar. Ponemos rumbo a la primera recta tras el paso por el trescientos, esa cortesía en la que te recuperas de un mal día que se ha convertido en grandioso.

El frío nos hace conectar nuestras zancadas, y como un torbellino alcanzamos la segunda curva, la del dichoso ciento cincuenta, el penúltimo paso de nuestra lucha por ser felices, la penúltima conquista en la que enseñas todas tus cartas y entregas el corazón, la que la vida a veces quiere frenar, esa curva que si tomas con decisión nadie puede pararte. Y hoy nadie puede pararnos. Vamos camino de nuestro mejor doscientos cuando enfocamos la recta final y el público se pone en pie para aplaudirle a la vida.

Sentimos nuestros cuerpos vibrar con la emoción de sabernos dentro de nuestra mejor carrera. No importan las curvas ni la frialdad de los días. Ni siquiera importa el sentimiento cuando la sonrisa es infinita, cuando el esfuerzo es el máximo posible y el tiempo exacto llega a su fin. Los últimos pasos y los penúltimos aplausos, y cruzamos la meta extasiados. Así somos nosotros, aplaudiendo al final con un gran abrazo.

Nos felicitan una y otra vez. Ni siquiera importa el tiempo ni la consecución porque dichosos los que nada esperan. Porque dichosos los que tomen la curva hacia Alfaz. Porque ese día, amigo, será el primero del gran comienzo que nos aguarda. Porque la finalidad de nuestro existir no es sólo vibrar por dentro, sino hacer vibrar los días. Porque cuando los días vibran, nuestro camino se hace más infinito. Y entonces nuestra existencia justifica que cada día somos mejores personas porque somos más fieles a nuestros principios. Por eso perseverar no es un sentimiento, sino la voluntad de parar el reloj y confiar con ilusión que mañana será mejor que hoy, y que por ende no habrá días peores que el de ayer. Así que compañero, construyamos este gran futuro que nos aguarda. Sólo necesitamos entregar lo mejor de nosotros. Al fin y al cabo, uno más uno nunca son dos si nuestros movimientos conforman el equilibrio del caminar siempre con la sonrisa en su sitio.

Para Jesús Gómez Herrera y su incesante lucha. Por su sueño, por el cual yo también me desvivo.

Francis Campos, Brenes, Sevilla, 13 de febrero de 2015.

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